Oportunidad para señalar la doble moral


En medio de esa tendencia cada vez mayor de los medios de prensa norteamericanos por centrarse en lo superficial y evitar el debate de las cuestiones más importantes, hoy se ha recordado que es el décimo aniversario del destape del escándalo que empañó la presidencia de Bill Clinton por el caso de su amorí­o con Mónica Lewinsky y que estuvo a punto de costarle el cargo al mandatario. La acusación no era por haberse enredado con la pasante sino por haber mentido a un gran jurado y en buena medida el gobierno del paí­s más poderoso del mundo se paralizó durante meses, debido a las incidencias de ese escándalo.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

Y digo que es buen momento para señalar la doble moral porque la mentira que estuvo a punto de provocar el «Impeachment» a Clinton era, al final de cuentas, un asunto de la incumbencia suya, de su esposa, de la hija y de la amante. El tema no era cuestión de estado ni, mucho menos, una mentira que provocara pérdidas lamentables en vidas humanas.

Cierto es que el actual presidente George Bush no mintió ante un Gran Jurado y por lo tanto no está sujeto al delito de perjurio, pero nadie puede dudar que mintió al Congreso, a la prensa, a sus compatriotas, a Naciones Unidas y al mundo entero cuando se decidió a emprender la guerra contra Irak con base en los informes falsos sobre la existencia de armas de destrucción masiva y sobre supuestos ví­nculos de Saddam Hussein con Al Qaeda. Esa mentira ha costado literalmente miles de vidas humanas, no sólo de soldados norteamericanos muertos en combate, sino de personas inocentes que han sido sacrificadas por la decisión del Presidente de los Estados Unidos basada en un deliberado y bien planificado engaño.

Los congresistas republicanos que hace menos de diez años se rasgaban las vestiduras por la inmoralidad de Clinton y por su mentira al hablar sobre sus relaciones con la Lewinsky no sólo no dijeron nada cuando Bush engañó a todo el paí­s y al mundo sino que muchos de ellos han terminado también alcanzados por escándalos que tienen que ver con relaciones extramaritales que trataron de mantener en secreto, cabalmente como lo quiso hacer el entonces presidente al filtrarse las primeras informaciones de sus relaciones í­ntimas con la joven Lewinsky que hoy, por cierto, se queja de que siempre la asocien con el escándalo ocurrido hace diez años, como si pudiera ser recordada por algo más.

Una de las mayores patrañas en toda la historia de la humanidad ha sido la que montaron en la actual administración republicana de los Estados Unidos para llevar al paí­s a la guerra y establecer un modelo de gobierno basado en la explotación del miedo. Nada cayó mejor a Bush que el terrorismo para explotarlo y aterrorizar de tal forma a su mismo pueblo que terminó cediendo sus libertades y derechos. Las mentiras del dúo Bush – Cheney no sólo provocaron la muerte de miles de personas, sino que también la muerte de un sistema de pesos y contrapesos en el que la privacidad era esencial para el imperio de los derechos civiles. Hoy en dí­a ese sistema está aniquilado porque el terror a sufrir un nuevo ataque como el de Septiembre del 2001 hizo que los norteamericanos cedieran sus derechos para que el gobierno los defendiera, aunque sea torturando, espiando y hasta matando en operaciones clandestinas.

A diez años de la mentira de alcoba, vale la pena destacar la indiferencia de todos ante la mentira de Estado.