Metieron un gol y fueron cinco los jugadores que se tiraron unos sobre otros formando un montón de gritos de alegría.
Pero, esta vez, no fue un montón de a cinco sino fueron once montones de a cinco, y no eran jugadores futbolistas. No, esta vez eran cadáveres apilados en once montones de a cinco y no eran precisamente gritos de alegría.
La mayoría de los crímenes en Guatemala quedan impunes. Es vergonzoso para el gobierno, y semejante deficiencia nuevamente nos descalifica a todos. ¿Qué pensarán los deudos de los masacrados en ese bus que cayó al barranco si se enteran que es obligación del Estado proteger la vida de los guatemaltecos? ¿Y qué pensarán los países vecinos de esa nuestra indiferencia que es una muestra más de nuestro subdesarrollo?
Esas vividas demostraciones de subdesarrollo son algo a lo que ya nos hemos acostumbrado y que ya no nos da vergí¼enza. Talvez como consecuencia de ese ignominioso y vergonzoso acostumbramiento a que hemos llegado es que el destino nos castigó con esa masacre del bus. Y el gobierno ¿Reaccionará?
Ya son legión los guatemaltecos que dicen sentirse agobiados por tanta violencia, pero… de verdad ¿No será que ya nos vamos acostumbrando? ¿Será posible?
Una larga fila de cadáveres, uno al lado del otro, conformando una hilera que, para no cometer un error a la hora del conteo, obligó a hacer grupos de a cinco, y se completaron 55.
¿Y quién es el culpable? Viene a la memoria aquella escena guatemalteca de cuando hace pocos años durante el gobierno de Arzú murieron en el estadio de futbol, aplastados y asfixiados por la muchedumbre, decenas de fanáticos que fueron estafados y asesinados por los vendedores de entradas. ¿Y los culpables? ¿No será motivo de vergí¼enza para las autoridades el no haberlos procesado?
Y ahora mismo, las 55 familias enlutadas elevan su protesta en contra de los dueños de buses, de legisladores, jueces y policías. Una muy justificada protesta en contra de un sistema corrupto a quien es utópico pedirle cuentas. Si acaso el piloto de ese bus no tenía licencia ¿Quién fue el miserable que le dio trabajo?
El señor diputado que es socio de esa compañía de buses debería de encabezar un movimiento tendiente a encontrar a los culpables. Debería además de promover un movimiento tendiente a legislar en pro de un menos desastroso deficiente sistema de transporte.
Es ésta una exhortación al diputado Salguero para que cada vez que mirando un partido de fut, vea un montón de a cinco amontonados celebrando un gol, se recuerde, y se sienta moralmente obligado a cumplir.
Nuestro vicepresidente médico, el amigo Rafa, probablemente todavía no esté acostumbrado y se sentirá movido a hacer algo extraordinario.