OMC espera a los emergentes


Unos manifestantes protestan frente a la sede de la reunión de la OMC, en el tercer dí­a de negociaciones en este importante foro económico.

Los negociadores de la OMC en Ginebra esperan que hoy los paí­ses emergentes den señales de su disposición a abrir sus mercados industriales -un tema candente- después de la oferta de Estados Unidos de recortar sus aranceles agrí­colas.


«Hemos puesto una nueva e importante oferta en la mesa, ahora esperamos que nuestros socios hagan lo mismo», dijo la representante estadounidense de Comercio, Susan Schwab, al referirse ayer a la propuesta de recortar de 17 mil a 15 mil millones de dólares las subvenciones distribuidas anualmente a los agricultores norteamericanos.

Para el comisario de Comercio de la Unión Europea (UE), Peter Mandelson, «está claro que las negociaciones agrí­colas, aunque no se encuentran cerradas, están quedando atrás y debemos concentrarnos en los bienes industriales, donde existen muchí­simos desacuerdos».

India y Brasil, lí­deres del G20 de paí­ses emergentes, no comparten esa versión.

«La oferta de Estados Unidos sobre los subsidios es totalmente inadaptada y sin relación con los precios actuales de los productos alimenticios ni con nuestros reclamos», dijo el ministro indio de Comercio e Industria, Kamal Nath.

Y el canciller brasileño Celso Amorim sostuvo que «la pelota está aún en el campo de ellos (Estados Unidos y Europa)». «La patearon para adelante, pero no pasó la mitad del terreno», ilustró.

De todos modos, la cuestión industrial será abordada hoy, tercer dí­a de negociaciones, y los emergentes deberán avanzar sus ideas.

Pues ese es el juego de la Ronda de Doha de la OMC, iniciada en 2001, en la que los emergentes exigen más acceso para sus productos agrí­colas y los ricos mayor apertura para sus í­tems industriales. Cuando una parte muestra una carta, la otra debe hacer lo mismo, para ver si la partida, que debí­a concluir a fines de 2004, puede prolongarse.

Los paí­ses emergentes temen que la Ronda de Doha, concebida para equilibrar las tremendas diferencias que se abrieron con la liberación comercial de los años 90, tenga el efecto inverso y acabe profundizándolas.

La negociaciones no deben servir a «acrecentar la prosperidad de los paí­ses desarrollados» ni a «poner en peligro a las incipientes industrias y pequeñas y medianas empresas de India», dijo Nath.

Los mayores cuestionamientos a las modalidades de reducción de los aranceles industriales propuestas por la OMC proceden de Argentina y Sudáfrica, miembros del grupo NAMA-11, que busca flexibilidades para la apertura de sus mercados, refirieron participantes en las discusiones.

El NAMA-11, integrado por diez paí­ses (entre ellos Brasil, India, Venezuela e Indonesia) afirmó que las propuestas sufren de «serios desequilibrios».

Denuncia en particular las medidas «anti-concentración», que apuntan a impedir que un paí­s utilice todas las flexibilidades de que goza para proteger a un solo sector, como el automotor o los textiles.

El Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) propone que el cálculo de los valores que pueden beneficiarse con las flexibilidades esté alineado con los de Brasil, de lejos la principal potencia regional.

Y Venezuela aspira a obtener protecciones especiales, alegando que su PIB relativamente elevado se debe a una excesiva concentración de su economí­a en un solo producto, el petróleo.

Varios sindicatos de paí­ses en desarrollo acudieron a Ginebra para advertir sobre los riesgos de abrir en demasí­a los mercados industriales.

«Si seguimos por ese camino, crearemos una seria crisis económica en nuestro paí­s», dijo Rudi Dicks, del Congreso de Sindicatos Sudafricanos (Cosatu).

Para Rubén Cortina, de la Federación Argentina de Trabajadores de Comercio y de Servicios, las propuestas de la OMC provocarí­an la pérdida de «200 mil puestos de trabajo» en el paí­s sudamericano.

«No somos proteccionistas estúpidos, pero queremos un comercio equitativo», afirmó.

Según Felipe Saboya, de la Central íšnica de Trabajadores (CUT) de Brasil, la reducción de los derechos de aduana en 1989-1994 provocó la pérdida de «1,3 millones de empleos» en ese paí­s.