Olmert aguanta el chaparrón


Manifestación. Miles de personas se congregaron en la ciudad de Tel Aviv para exigir la renuncia de Ehud Olmert.

Ehud Olmert se aferraba hoy a su puesto de primer ministro de Israel a pesar de los insistentes llamados para que dimita lanzados en Tel Aviv durante una gran manifestación de protesta contra el fracaso de la guerra en Lí­bano.


Más de 100 mil israelí­es laicos y religiosos, colonos, de movimientos juveniles de izquierda, familiares de ví­ctimas de la guerra y de asociaciones de soldados reservistas, manifestaron a los gritos de «dimisión» en la plaza Yitzhak Rabin.

Se trata de la primera manifestación desde la publicación de un demoledor informe provisorio de una comisión gubernamental sobre las fallas del gobierno y del ejército frente al Hezbolá, durante la guerra en Lí­bano, entre el 12 de julio y el 14 de agosto de 2006.

«Voy a salir adelante y no escaldado», confió Olmert a sus consejeros, según declaraciones citadas por el cotidiano Maariv.

«Los que pensaban que 150.000 personas bastarí­an para derribar a Olmert sólo probaron su ingenuidad», expresó un comentarista de la radio militar.

Sin embargo, «unas 100.000 personas reunidas en la Plaza Rabin en Tel Aviv durante la tarde más cálida del año, es algo impresionante», estimó Nahum Barnea en un editorial publicado por Yediot Aharonot.

Este informe estima que Olmert fracasó en su gestión tanto en la evaluación de la situación como en su responsabilidad.

Durante la ofensiva que devastó a Lí­bano, Israel fracasó en desactivar el aparato militar del Hezbolá, en impedir los disparos de cohetes contra su territorio, y en lograr la liberación de los dos soldados prisioneros del Hezbolá.

Desde la publicación del informe el lunes, los llamados a la dimisión de Olmert se multiplican, desde los comunistas hasta la oposición de derechas.

Según los sondeos, más de dos tercios de los israelí­es estiman que Olmert y su ministro de Defensa, Amir Peretz, deben irse.

En cuanto a los colaboradores del primer ministro, si bien consideran que por el momento han escapado al terremoto polí­tico, no dejan de temer por las posibles réplicas.

De todas maneras, Olmert parece tener buenas razones para resistir. Desde ya consiguió aislar a la ministra de Relaciones Exteriores, Tzipi Livni, quien lo llamó a dimitir pero sin renunciar ella misma a su cargo, los que le valió numerosas crí­ticas.

El resultado fue que sólo dos diputados de los 29 del partido Kadima al que pertenece Olmert apoyaron el llamado de Tzipi Livni.

En cuanto a los laboristas, por el momento no han abandonado al primer ministro. Su jefe, Amir Peretz, al parecer duda en abandonar su cargo.

El 13 de mayo, la formación debe reunir a su comité central que decidirá el camino a seguir.

Olmert cuenta todaví­a con el apoyo de 78 de los 120 diputados, entre los cuales están los ortodoxos del Shass, los de la extrema derecha de Israel Beitenu y los del Partido de los Jubilados, y puede mantenerse hasta la publicación, a mediados de este año, del informe definitivo.

Refiriéndose a la situación del primer ministro, el editorialista del diario Maariv, Ben Caspit, escribió que Olmert terminaba la semana «herido, ensangrentado, vacilante y desollado, pero sigue respirando. Por ahora».

Mil 400 responsables que han estado en Irak serán analizados por el servicio de salud del Departamento de Estado.