Oliverio y la Usac


En los últimos dí­as, si no es que semanas, la mayorí­a de facultades de la Universidad de San Carlos ha permanecido cerrada; la razón: un grupo de «estudiantes» y «lí­deres estudiantiles» han protestado en contra de algunas medidas puntuales del alma máter.

Aunque son varias las exigencias, las que más llaman la atención son: pedir la derogatoria o -al menos- la flexibilización de los exámenes de admisión; pedir la derogatoria o -al menos- la sustitución del plan de expulsión para los repitentes; evitar un supuesto aumento a la matrí­cula estudiantil.

Mario Cordero
mcordero@lahora.com.gt

Los exámenes de admisión fueron una medida implementada hace varios años, con lo cual se pretendió mejorar el nivel académico. Hace unos quince dí­as, se llevaron a cabo las jornadas de exámenes de admisión, con lo cual -es de suponer- miles no lograron aprobar y de ahí­ sale la base de esta arista de la protesta.

El plan de repitencia fue, asimismo, una medida tomada hace años, que impedí­a a un estudiante continuar con su carrera si repetí­a en tres oportunidades un curso. Aunque ya tiene varios años de vigencia, es hasta este año que tomó por sorpresa a varios, los cuales, también, salieron a protestar.

Las protestas en Guatemala, ante la falta de espacios de expresión y discusión, se han visto obligadas a una única opción: el bloqueo de la movilización y afectar a miles de personas para que se tome en serio su protesta. Lástima, porque estas medidas de hecho provocan más molestias que simpatí­as, y su exigencia se pierde en el enojo del público.

He de decir que estos exámenes de admisión no son muy difí­ciles, y que si un aspirante no tiene conocimientos mí­nimos, no deberí­a iniciar un proceso universitario sin antes obtenerlos. El plan de repitencia no es más que el resultado de estudiantes que ingresaron sin tener vocación o conocimientos mí­nimos.

Claro, todos tenemos derecho a la educación, pero eso no significa que todos tengamos derecho a graduarnos de ingenieros, médicos o abogados, que son las carreras que se eligen con mayor incidencia, porque usualmente son las que pagan mejor.

La Usac ha tenido, así­, un excedente de estudiantes que no logran salir de una carrera. Y son precisamente estos estudiantes que se han acomodado a su estatus estudiantil, que incluso llegan a ocupar puestos de liderazgo, exigiendo «solidaridad» para con ellos. Olvidan que ellos estudian debido a que un pueblo sostiene a la universidad, y que permanecer eternamente como estudiantes representa un costo muy alto para Guatemala.

La universidad se ha quedado sin fondos; ya no alcanza para mucho más. Por ello, me imagino, que se requiere un aumento en la cuota. Pasar a pagar de 5 a 50 quetzales mensuales, para los niveles que se pagan en universidades privadas, sinceramente es nada.

Estos estudiantes afectados se quejan, pues, de una supuesta privatización, y no se dan cuenta que si la Usac continúa con bajo nivel académico, no se necesita privatizarla, sino que simplemente el estudiante que realmente quiere aprender y mejorar deberá irse a una universidad privada, tal como sucede con el sistema público de salud, educación y seguridad, que, ante la pobreza de servicio que ofrece el Estado, deben buscar opciones privadas.

Hasta ayer no habí­a clases en la Usac, y con ello se han truncado las celebraciones en honor de Oliverio Castañeda de León, un lí­der estudiantil que cumple este próximo 20 de octubre, 30 años de haber sido asesinado. Oliverio, antes que todo, fue buen estudiante, porque para ser lí­der estudiantil, primero hay que ser un ejemplo para sus compañeros; si no se es legí­timo, la lucha no lo será. Mi homenaje así­ para este lí­der estudiantil que fue, ante todo, un ejemplo de excelencia académica.