De unos días a la fecha no se habla más que de frenar esa ola de violencia, que de pronto parece un tsunami. Hoy notamos más gracias a los medios de comunicación, algo creo yo, ya cotidiano para muchos: la inseguridad, el miedo, el duelo.
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Y no es que reste relevancia a los hechos sucedidos recientemente al llamarlos cotidianos, es que ya lo son, y me preocupan, porque yo, como muchos de quienes me leen, salgo todos los días por las calles de esta ciudad exponiéndome a todos los peligros que nuestra impune cultura nos ha heredado.
Lo planteo así porque la violencia no es un problema nuevo en nuestra sociedad, hoy matan a siete pilotos, el año pasado asesinaron con saña a cientos de mujeres, otro montón fue violentada en su propia casa y hace menos de 15 años, todavía teníamos un conflicto armado latente.
Y ahora, cuando se dan cuenta de lo que vivimos, o cuando el hartazgo llegó al tope, deciden que para acabar con todo esto la única solución es la pena capital, qué estupidez, en un país en donde la impunidad reina, el dinero manda y el que tiene poder abusa, es absurdo e inaudito que pretendan imponer algo como esto, es vergonzoso además que siendo un país que «vive» ahora bajo una socialdemocracia, donde la vida es un derecho fundamental, queramos hacer cumplir la ley con reglas arcaicas y salvajes.
No comparto en lo más mínimo el querer combatir la violencia con violencia. Sé que muchos me dirán que si yo estuviera en lugar de algún familiar de esos pilotos pensaría distinto, pero no es así. Personalmente sé lo que significa que un ser querido sea arrebatado por la violencia y sin embargo, no puedo imaginarme señalando al responsable para que le quiten la vida, porque esa persona seguramente tiene hijos, que como yo vivirían el resto de sus días extrañando a un ser querido, y es que ellos no tienen la culpa de lo que su padre pudo hacer, y al final de cuentas una vida no se recupera acabando con otra.
Si el Presidente es consecuente con su discurso y va a gobernar con inteligencia debe vetar esta ley que lo único que pide es sangre, y ya se ha derramado mucha en el país. Para evitar la violencia hay que darle a la población salud, educación y trabajo. No caiga en el juego señor, no se manche las manos.