Ojo con la candidez


Respecto a la posibilidad de una votación secreta en las comisiones de postulación, descartada provisionalmente por los tribunales que conocieron de los amparos, empieza a formarse una corriente en la que personas que gozan de prestigio promueven el secreto con el argumento de que el mismo permitirá a los que fueron electos por los grupos más comprometidos, a actuar con independencia a la hora de elegir a los postulados y que por lo tanto el voto secreto, lejos de ser una barrabasada, es un instrumento positivo.


Ojo con la candidez, hay que decir en estos momentos, puesto que si aun con el voto público la posibilidad de que los listados incluyan a los que ya están marcados para ir a mantener el sistema actual de ineficiente administración de justicia, cuánto más si ese voto es secreto. Nunca hemos dudado, ni debemos hacerlo, de la astucia de los que participan en este proceso con la agenda definida de preservar la impunidad, porque al fin y al cabo sus logros son muchos y lo han hecho maravillosamente bien y eso implica talento y capacidad. Como la que pueda tener algún abogado que presuma de honorable y que tras votar a favor del voto secreto encontró la fórmula para engatusar a algunos con respecto a su «buena intención».

Si a las claras hay un enorme riesgo de que las cosas no mejoren, ¿cómo puede alguien en su sano juicio y con dos dedos de frente caer en la cándida actitud de suponer que en secreto los malos se volverán buenos y no que los que dicen ser buenos votarán con los malos?

Honestamente hablando vemos más probabilidad de que el voto secreto sirva para mantener la careta a esos que dicen ser buenos pero actúan de manera perversa, que para liberar a los malos del compromiso que adquirieron en el momento de ser elegidos. Si triunfara una lí­nea decente, de todos modos todos, léase bien, todos los que fueron electos por los grupos más comprometidos con la impunidad quedarí­an bajo sospecha y perderí­an la confianza de sus titiriteros, por lo que es infantil suponer que el voto secreto servirá para que se sacudan el yugo que, por otro lado, nadie les impuso sino abrazaron con absoluta libertad.

Nada cocinado a espaldas de la opinión pública en temas tan cruciales como el de elegir magistrados podrá producir algo bueno. Aquí­ la transparencia es fundamental, aunque sólo sirva al final para que la sociedad pueda saber quiénes fueron los que apuntalaron la impunidad. Más de un largo ha sabido vender la «buena idea» del voto secreto, y más de un cándido la ha comprado.