El día de hoy se desarrollan las Elecciones Generales 2007 en las que todos los guatemaltecos esperamos que el ganador sea el país. Y que Guatemala resulte ganando implica que todos los candidatos que resulten electos desde el Presidente y hasta diputados y alcaldes, asuman el compromiso de encaminar al país hacia una ruta distinta, donde la impunidad, la corrupción, la violencia y el tráfico de influencias dejen de ser los factores dominantes de las esferas estatales.
Y Dios mediante yo esté equivocado, pero la verdad es que pareciera que gane quien gane las elecciones, las cosas seguirán exactamente igual para el país y los financistas de las millonarias campañas serán los más beneficiados.
Es por ello que La Hora ha insistido en que la modificación del sistema es básica para lograr cambios importantes en el país, pero tal extremo al día de hoy resulta imposible; lo que sí es factible es que el próximo Presidente de la Republica entienda y dimensione que los compromisos adquiridos deben de quedar en el olvido y su único compromiso es con Guatemala y su gente. Es imperante que el próximo gobernante tenga la habilidad, el temple político, el carácter y la determinación para crear el andamiaje económico, legal, fiscal, y social necesario para que el país de hoy sea distinto en 15 o 20 años.
Lo anterior es muy difícil en un sistema como el nuestro, en donde los principales opositores del gobierno no son los partidos políticos ni los colectivos sociales, sino los mismos financistas que bloquean toda medida que sea de mayor beneficio para el país, que sus propios intereses.
Financistas de ese tipo hay en todos los partidos que de una o otra forma logran cuajar grandes campañas, los cuales no están dispuestos a sacrificar ni un solo centavo que erogaron en campaña. Y no se trata de que entonces los financistas de las campañas no puedan el día de mañana ofertar en licitaciones públicas y por ende llegar a ser, o seguir siendo en algunos casos, contratistas del Estado, pero sí implica que quien llegue a ser contratista del Estado lo haga por su capacidad técnica para la prestación de servicios del tipo que éstos sean.
El candidato que a estas alturas no tiene ese firme compromiso, no lo adquirirá nunca menos sabiendo que las negociaciones para la segunda vuelta ya empezaron y el apoyo se ofrece a cambio de beneficios personales.
Ojalá no sean otros cuatro años de estancamiento y retroceso para el país y sus habitantes, que suficientes decepciones y penas han tenido que aguantar a lo largo de la historia.