Desde hace varios días, los aviones, helicópteros y la artillería bombardean los distritos tribales de Bajaur, Mohmand, Orakzai y Waziristán del Sur, a lo largo de la frontera afgana donde, según Estados Unidos, Al Qaida recompuso sus fuerzas y los talibanes afganos sus retaguardias, gracias al apoyo de los talibanes paquistaníes que obedecen al jefe de guerra Baitulá Mehsud.
El domingo, el Gobierno anunció que iba a lanzar una ofensiva masiva hasta la «eliminación» de estos combatientes islamistas y de Mehsud, por el que las autoridades estadounidenses ofrecen una recompensa de 5 millones de dólares.
Waziristán del Sur, feudo de su Movimiento de los Talibanes de Pakistán (Tehrik-e-Taliban Pakistan, TTP) y que el ejército empezó a bombardear hace unos días, es un pequeño territorio, pero los insurgentes islamistas tienen allí el control absoluto desde hace casi diez años, son apoyados por gran parte de la población de la tribu de Mehsud e instalaron allí guaridas en montañas inexpugnables.
Considerados combatientes feroces, forzaron en dos oportunidades al ejército a aceptar un alto el fuego, en febrero de 2005 y en enero de 2009. Esta última vez, el Gobierno llegó incluso a pagar indemnizaciones por las pérdidas sufridas por la tribu de Mehsud.
Además, Baitulá demostró que tenía la capacidad de atacar donde mejor le pareciera gracias a una reserva casi inagotable de kamikazes: es responsable de la ola sin precedentes de atentados -de los cuales casi 200 ataques suicida- que dejaron unos 2.000 muertos en menos de dos años en todo el país.
Además de sangrientas represalias, el otro riesgo es diluir el esfuerzo militar y empeorar una crisis humanitaria que ya es dramática: la ofensiva en Swat forzó a casi 2,5 millones de personas a huir y a vivir en campos con condiciones precarias.
Ya hay muchos testimonios e informes de ONGs que hablan de las víctimas civiles de los bombardeos indiscriminados del ejército.
«El ejército, al combatir en todos los frentes, ya parece muy disperso, y esto puede aumentar su dependencia de los ataques aéreos, lo cual hará aumentar el número de víctimas civiles y de desplazados», consideró el martes el periodista Rahimulá Yusufzai, uno de los mejores expertos de las zonas tribales, en el diario The News.
Las bombas «no son la mejor manera de luchar contra hombres expertos en acciones de guerrilla, que operan con emboscadas y son extremadamente móviles», añadió. «Sin fuerzas terrestres capaces de controlar los lugares retomados a los talibanes, estos últimos siempre tendrán la posibilidad de regresar», aseguró.
Por último, los expertos consideran que la victoria sólo será posible con la contribución de las fuerzas internacionales en Afganistán, puesto que la extrema porosidad de la frontera permite a los talibanes paquistaníes refugiarse allí.
«A menos que la frontera se cierre, a menos que el movimiento alrededor de la frontera se controle, una operación del lado paquistaní terminará con la huida de los insurgentes al lado afgano», dijo a la AFP Hasan Askari, especialista de los temas de defensa.
«Es una dimensión del conflicto que los estadounidenses deben considerar», señaló.
Washington desplegará tropas suplementarias en el sur de Afganistán, a lo largo de la frontera, en los próximos meses.
El suelo paquistaní no debe ser usado para el terrorismo, dijo el martes el primer ministro indio, Manmohan Singh, al presidente paquistaní, Asif Ali Zardari, durante su primera reunión desde los atentados de Bombay en noviembre de 2008, dijeron las agencias rusas.
«Estoy feliz de verlo, pero mi mandato es anunciar que el territorio de Pakistán no debe ser usado para el terrorismo», dijo Singh a Zardari después de saludarse con un apretón de manos.
Los dirigentes se entrevistaron en la ciudad rusa de Ekaterimburgo, al margen de la cumbre de la Organización de la Cooperación de Shanghai (OCS), integrada por Rusia, China y países de Asia central, en la que India y Pakistán son observadores.
Los atentados islamistas en Bombay dejaron 174 muertos, incluidos nueve de los 10 asaltantes, del 26 al 29 de noviembre de 2008.
Estos ataques provocaron la suspensión del diálogo de paz iniciado en enero de 2004 entre India y Pakistán, dado que Nueva Delhi responsabilizó a un grupo paquistaní y denunció la complicidad de los servicios de inteligencia militar paquistaníes.