DESDE LA REDACCIí“N
Quien escribe estas líneas tiene encima 25 mayos. Nacido en una de las etapas más crudas del conflicto armado interno que dejó un hondo dolor para el país. Perteneciente a esa generación desencantada que prefiere desconectarse de la realidad nacional y no permitirse el tiempo para escarbar en la historia del país para encontrarse reflejado en ella.
Para la gente de nuestra edad y menos los nombres que en este mes resaltan a la vista en estos días sean desconocidos, o en su defecto, conocidos muy por encima de lo que significan para la nación. Digo, que pertenezco a esta generación sometida a una fase de bombardeo masivo de información basura transmitida por los canales que nos han enajenado y abstraído a tal punto en que la «Revolución del 44» sea tan importante como el Latin American Idol de Guatemala.
Pero antes que salgan enfurecidos aquellos que no lo ven de ese modo pesimista, salvo a quienes están trabajando, desde sus propios espacios, porque la lucha heredada por quienes murieron en el intento siga como una brasa encendida; es un trabajo muy difícil mantener con vida los ideales revoluciones y de cambio social en generaciones desinteresadas. Pero hay que hacerlo, de lo contrario iconos entusiastas que se resucitan en cada octubre pasarán sin que dejar la más mínima chispa de efervescencia en nadie, muriendo con el tiempo el ideal que sostuvo en su momento a tantos mártires que como Oliverio Castañeda pelearon por ver un país lejos del atraso en el que aún está sometido.
Estamos en octubre, época en la que los corazones rojos encendidos se vuelven más sensibles y las playeras con consignas de la lucha social se convierten en estandarte que ojalá fuera más popular. Recuerdo no hace mucho una persona que descendía de su beemedolvebé para comprar una cajetilla de Marlboro en una gasolinera hacía el comentario al vendedor sobre una playera de la Usac que cargaba un muchacho afuera de la tienda de conveniencia.
– No entiendo cuál es la maldita bulla que siempre tiene esa gente. No saben que esas luchas han quedado en el pasado; que ya vuelvan al futuro y se den cuenta que nada han ganado.
El dependiente de la tienda no hizo nada más que asentar con la cabeza y cobrarle los 20 quetzales que pagaba por los cigarros.
Antes de salir se topó con otro tipo que con una pequeña estrella blanca sobre una playera roja y quiso asentarle la misma interrogante. Pero el portador del icono revolucionario no tuvo la misma reacción del dependiente y sus respuestas fueron más interrogantes:
– ¿No hemos ganado nada? ¿Entonces qué se supone que está haciendo en este momento usted? ¿No cree que con expresarse de esa manera ya está ejerciendo un derecho ciudadano que antes era impensable? ¿Acaso usted no es merecedor de sus descansos anuales por su trabajo cumplido? ¿Espero que reciba puntual su salario y todas las demás bonificaciones que le han permitido hacerse de las posesiones que ahora tiene? No me joda, que si no trabaja por el cambio, no chingue lo que ya ha logrado tanta sangre derramada en el país.
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í‰l tipo de la estrella blanca es de las excepciones que decía, tipos que conforme pasan los años son menos. Y es que, hay que reconocer también que la lucha popular iniciada en 1944 ha dejado huellas que aunque no las queramos reconocer o acaso ya las hemos olvidado, siguen latentes, y la mejor forma de honrar la memoria de quienes construyeron las bases de la sociedad que aún queremos no es solamente poner carteles con sus fotografías, sino imitar y trabajar por los sueños de bienestar y justicia. Cada que viene octubre vale la pena recapacitar sobre lo que queremos como país y como sociedad, o seguiremos con la indiferencia y desencanto al que hemos sido condenados.
Por Eswin Quiñónez
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