Examinar atentamente. Mirar con atención o recelo, atisbar son acepciones del vocablo «observar» que presenta el DRAE. Conforme a tales conceptos observar equivale a vigilar, abierta o disimuladamente, algo, a alguien. La observación muchas veces causa temor o recelo de quien se sabe observado, como en el caso típico de los OVNIS.
En el ámbito político, el Diccionario Electoral define la observación «como aquella actividad orientada a mirar con atención y recato, examinar atentamente, o advertir y reparar sobre una parte, o todo, el proceso de cualquier forma de elección». Esta definición tomada de la obra «Participación ciudadana y observación electoral» del autor Rudecindo Vega, es congruente con el texto del Diccionario de la Lengua Española anotado anteriormente.
A partir del final de la década de los 80 y principios de los 90, surge en los países latinoamericanos la observación como instrumento de vigilancia electoral y en respuesta a los constantes señalamientos de fraudes electorales en algunos de ellos. Este auge de la observación electoral, en el período mencionado, coincidió con los cambios políticos operados en los estados del nuevo continente, cambio que repercutió en las transformaciones políticas internacionales.
De lo expuesto podemos extraer que la observación electoral viene a ser un mecanismo disuasivo, que como apunta el Diccionario Electoral, «se ha transformado en un instrumento de participación política de los ciudadanos y ciudadanas, que entienden que pueden contribuir a la credibilidad y legitimidad de las elecciones».
El calificativo «disuasivo» debe aplicarse en su sentido literal y no trascender a lo intimidatorio, o la injerencia o entrometimiento de los observadores, quienes deben respetar los asuntos internos del proceso electoral, así como la independencia de las autoridades electorales y la soberanía del Estado receptor.
Turismo electoral
Pero ello no significa que se debe actuar en forma pasiva e indiferente y, mucho menos, aprovechar la coyuntura de visitar un país para dedicarse al paseo o a la aventura. Infortunadamente esta última conducta ha desvirtuado y degradado la importancia de la observación que, en mucho casos, se ha convertido en el llamado «turismo electoral». Hecho del cual fui testigo durante mi permanencia en el Tribunal Supremo Electoral, ya que la mayor parte de los observadores se interesaban más por acudir a poblaciones como Antigua, Panajachel y Chichicastenango, que por otras localidades sin atractivos turísticos.
Ante tal situación, de persistir, creo pertinente que las asociaciones electorales regionales y los organismos internacionales aprueben normas uniformes para regular la observación electoral. Pero como lo recomienda un conocido refrán: «Ni tanto que queme al santo, ni tan poco que no lo alumbre».
Frase o entresacado
«La observación, en mucho casos, se ha convertido en el llamado «turismo electoral», hecho del cual fui testigo»