Objetivo estratégico para Rusia, industrial para Francia


La venta probable de cuatro naví­os militares franceses clase Mistral a Rusia es motivada por objetivos estratégicos en Moscú e industriales en Parí­s, pero plantea un riesgo de divisiones en la OTAN.


El anuncio de esa venta se hizo durante el primer dí­a de la visita que realiza a Parí­s el presidente ruso Dimitri Medvedev: Francia y Rusia realizan «negociaciones exclusivas» sobre la venta de cuatro buques de proyección y de comando (BPC) de la clase Mistral a Rusia.

«Es un precedente: serí­a la primera vez que un paí­s miembro de la OTAN vende armamento tan sofisticado» al heredero de su ex enemigo de la guerra frí­a, comenta una fuente de la industria militar.

Expertos consultados por la AFP consideran que Rusia, que hasta ahora privilegiaba su propia industria de defensa, cuenta reforzar su capacidad de operaciones regionales y su crédito en el plano internacional.

«El BPC es un activo estratégico considerable: la capacidad de proyección de potencia de Rusia aumentará notablemente en el mar Negro y en el Báltico, pero también más allá, hasta en Asia», estima Franí§ois Heisbourg, consejero de la Fundación francesa para la Investigación Estratégica (FRS).

El «Mistral» es un poderoso buque de guerra, dotado de gran movilidad y que puede transportar helicópteros, tropas y blindados hacia un teatro de operaciones, así­ como albergar un estado mayor o un hospital.

A fines de 2009, un alto oficial de la marina rusa declaró que, con el Mistral, las tropas rusas hubieran podido lograr en 40 minutos lo que les llevó 26 horas en agosto de 2008, durante el conflicto con Georgia.

«El Mistral va a recordar a los Estados de su esfera de influencia que, en el dominio militar, Moscú sigue siendo el jefe, y va a aumentar su prestigio en el mundo», sostiene Thomas Gomart, del Instituto Francés de Relaciones Internacionales (IFRI).

La voluntad actual de Rusia de transformar su arsenal para tener una mayor movilidad es un maná para Francia, su noveno socio comercial, muy por detrás de Alemania.

«La principal motivación de Francia es industrial: hacer trabajar los astilleros de Saint Nazaire (oeste de Francia) y salvar empleos», estima Gomart.

Si el contrato fuera firmado, traerí­a otros. Medvedev exhortó el martes a los empresarios franceses a invertir en su paí­s para modernizarlo.

El lunes, el presidente francés, Nicolas Sarkozy, insistió en la necesidad de no utilizar un doble lenguaje con Rusia, otorgándole confianza respecto al tema del programa nuclear iraní­, pero no para la venta de armamentos como el Mistral. Francia «considera a Rusia como un aliado estratégico» y los dos paí­ses quieren poner punto final a «la página de la guerra frí­a».

En Moscú, altos funcionarios estimaron que el Mistral es un medio de forjar ví­nculos más estrechos con la OTAN. «Â¿Qué otro paí­s de la Alianza está tan bien dispuesto hacia nosotros (como Francia)?», escribió el ex viceministro de Relaciones Exteriores Anatoly Adamichin en el diario Kommersant.

No obstante, la posible venta de esos naví­os a Rusia provoca inquietudes en la OTAN.

«Esto podrí­a tener consecuencias para la seguridad regional (…) que podrí­an afectar a los miembros de la Alianza», advirtió el martes el ministro de Defensa de Letonia, Imants Liegis, preguntándose si el objetivo de Rusia no es «dividir para reinar».

Las tres repúblicas soviéticas del Báltico (Letonia, Estonia y Lituania), miembros de la Unión Europea y de la OTAN desde 2004, desconfí­an de la recuperada seguridad de Moscú y tienen la sensación de que sus aliados no se dan cuenta de la gravedad de sus inquietudes.

Rusia, que hace poco señaló a la OTAN como la principal amenaza para su seguridad en su nueva doctrina militar, puede «asistir al espectáculo del desacuerdo en este asunto», acota Heisbourg.