Obispo ultraconservador se esconde tras los muros de seminario


Detrás de gruesos muros se esconde el obispo ultraconservador Richard Williamson, cuyas declaraciones antisemitas provocaron revuelo en todo el mundo.


«Acabamos de almorzar con él: nos pidió que no recibiéramos a la prensa», dijo, tras unas rejas, Carlos, un seminarista en sotana. «No tiene nada que agregar a lo que ya se dijo».

Perfectamente afeitado, se expresa con facilidad, zapatos negros impecables, el seminarista no deja descifrar su estado de ánimo. «Mis instrucciones son muy claras», dijo.

No puede, sin embargo, doblegar la voluntad de la prensa nacional y extranjera apostada a unos cien metros del edificio, a la entrada del seminario de Nuestra Señora Corredentora. Las puertas están con candados. La reja tiene alambre de púas.

«La prensa deforma sus declaraciones, agrega cosas que nunca se han dicho», aseguró el seminarista, antes de precisar que Williamson «va a hacer la siesta».

En una entrevista con la televisión sueca difundida hace una semana, el obispo integrista afirmó: «Yo creo que no existieron las cámaras de gas en la Alemania nazi» y que sólo murieron «200 mil a 300 mil judí­os» y no los seis millones judí­os que se calcula, «pero ninguno en una cámara de gas».

Ante las reacciones, Bernard Fellay, superior general de la Fraternidad San Pí­o X, pidió en una misiva perdón al Papa el martes por los comentarios de Williamson.

«Le he prohibido, hasta nueva orden, toda toma de posición pública sobre asuntos polí­ticos e históricos», sostiene la carta divulgada por la oficina de prensa de la Santa Sede. «Pedimos perdón al Sumo Pontí­fice y a todos los hombres de buena voluntad por las consecuencias dramáticas de ese acto».

El efecto de las declaraciones del obispo, de su reintregración a la Iglesia Católica y de la Jornada Internacional de Conmemoración de las ví­ctimas del Holocausto tuvo un efecto devastador.

Al final de un camino de árboles, un periodista con traje y corbata de una cadena de televisión argentina, que se acercó demasiado al edificio para el gusto de los responsables del seminario, se enfureció por haber sido echado.

«El padre Jacques Barrou amenazó con llamar a la Policí­a si no nos í­bamos», declaró el indignado periodista. Alrededor, los fotógrafos y camarógrafos buscaban hacer tomas a distancia.

Uno de ellos caminó a lo largo de la barrera que rodea el predio, y un empleado del seminario lo alcanzó en auto y le pidió que se aleje. «Es propiedad privada», dijo.

Claudia, una mujer de unos 30 años que llegó con sus tres hijos para «pedirle comida y gas al padre Barrou», se sorprendió de ver a los periodistas. Ella ignoraba toda la polémica desatada.

EL papa Benedicto XVI expresó ayer su «solidaridad» con los judí­os y condenó la negación del holocausto. Además pidió a los cuatro obispos ultraconservadores a quienes anuló la excomunión, entre ellos Williamson, reconocer «la autoridad del papa y del concilio Vaticano II», que rompió con la tradición cristiana de atribuir a los judí­os la muerte de Cristo.

La Fraternidad San Pí­o X, comunidad ultraconservadora fundada en 1970 por Marcel Lefebvre, provocó un cisma en 1988 tras haber rechazado las enseñanzas del concilio, entre ellas la declaración «Nostra Aetate», según la cual los judí­os son «hermanos mayores» de los cristianos.