Obamaní­a global


DESDE LA REDACCIí“N

En el sitio web del presidente electo (Barackobama.com) fueron colgadas unas fotografí­as de la noche de la elección. Una enorme sala, Michelle, su esposa, las hijas con sus vestidos especiales para la celebración. También se observa al ahora vicepresidente electo Joe Biden y otros miembros de su equipo viendo en directo los reportes de los medios de comunicación conforme se conocí­an los resultados.


Sin saco y las manos en forma de rezo. Conforme pasaban los minutos veí­a, aún con cierta incredulidad, cómo su sueño se cumplí­a, casi a la perfección. El primer hombre de piel morena recibí­a el respaldo de la mayorí­a de los electores de la nación más poderosa del mundo y la complacencia de millones de personas alrededor del globo. Ahí­, sin guardaespaldas y casi en la soledad del sofá, Barack Hussein Obama Jr., nacido en Honolulú, descendiente de un padre que habí­a migrado desde el lejano pueblo de Nyang»oma Kogelo, Siaya, Kenia, poní­a el punto final a uno de los perí­odos de gobierno más cuestionados de la historia de ese paí­s.

Tras esa victoria hay miles de sentimientos encontrados. Se produce en un momento en donde la sociedad (y eso lo demostraron los resultados) necesitaba un respiro, es decir, esos espacios urgentes para la gobernanza en general. No por nada, el mismo Obama hizo hincapié en la «transformación» que pretende realizar por su autoproclamada «capacidad de cambiar la manera de hacer polí­tica en Washington». Sus discursos durante la campaña y en la misma madrugada donde se estrenó como presidente electo, fueron certeros reviviendo viejos argumentos de lí­deres contundentes del partido demócrata de ese paí­s. Pero el mundo se lo está tomando con cautela, pues si bien acaba un perí­odo altamente cuestionado y una polí­tica exterior que dejó carpetas llenas de crí­ticas, hasta el momento tampoco es una garantí­a que el cambio que pregona Obama se concrete realmente.

En lo que nos corresponde, ya se sabe que América Latina no significa una urgencia para tratar en su polí­tica exterior. Pero, ya los gobernantes como Lula, Hugo Chávez y el mismo ílvaro Colom ven una posibilidad en que esas relaciones prosperen, al menos, mejor que ese alejamiento que hubo durante la gestión del aún presidente George W. Bush.

Todo es incierto, y es todaví­a muy aventurado asegurar que Obama se convierta en el salvador de todos nuestros males. Guatemala necesita, por ejemplo, una solución inmediata a la situación de casi un millón y medio de inmigrantes que viven y trabajan en ese paí­s. Aunque la mayorí­a de los guatemaltecos allá respaldaban la llegada del demócrata, también existí­a cierta duda sobre el camino que tomará alguna reforma migratoria, si es que lo implementan, dado que ese tema fue tocado de forma muy superficial en la campaña. Hay que recordar que el tema de los migrantes aún genera escozor en la sociedad norteamericana.

Obama asumirá el próximo 20 de enero, y la mirada mundial está sobre él. A Bush le queda muy poco tiempo para terminar su perí­odo mejorando su percepción mundial nutrida por muchos factores en su polí­tica exterior. Obama tiene encima la crisis de la banca norteamericana y las guerras que mucho dolor de cabeza le significaron al gobierno de Estados Unidos.

Quedan dos meses aún en donde la Obamaní­a continuará.

Por Eswin Quiñónez

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