Obama y el fin del mundo


En una sociedad como la nuestra, con una espesa mezcla de tradiciones de pensamiento mágico religiosas, con hegemoní­a del cristianismo, es probable que muchos de nosotros y nosotras hayamos escuchado cuando éramos infantes, las profecí­as de algún testigo de Jehová, que acusaban a Karol Wojtyla, Juan Pablo II de ser el anticristo y que pronosticaban que el fin del mundo llegarí­a en el momento en que un «negro» fuera presidente de los Estados Unidos de Norteamérica.

Pablo Siguenza Ramí­rez

Con el proceso electoral que da como ganador de la presidencia de Estados Unidos para los próximos cuatro años y muy probablemente con una reelección en 2012 a Barack Obama, se hacen más intensas este tipo de proyecciones metafí­sicas, pero también una serie de reflexiones y cuestionamientos hacia lo que, el aún senador, electo presidente podrá hacer para dirigir al centro del imperio en un mundo en crisis económica, social, polí­tica y ambiental.

Está claro que el mundo y la humanidad necesitan un cambio de modelo productivo, salir de la lógica capitalista de acumulación, explotación del ser humano y depredación de la naturaleza. Sin embargo los mismos que se afanan en continuar con este modelo de producción en el mundo han estado también apoyando la candidatura de ambos contendientes a ocupar la Casa Blanca. Las grandes corporaciones transnacionales que utilizan a los Estados para mantener su dominio económico y polí­tico a nivel global, saben que continuar con la polí­tica de lí­nea dura del partido republicano era continuar por el camino de agudización de la crisis, por ello la elección del candidato demócrata es una posibilidad para el capital de reacomodarse y salir airoso de la misma. Le da una cara amable al imperio. Por algunos años le venderá al mundo espejitos mientras continua su avanzada de manera más sutil por los recursos estratégicos que aún quedan principalmente en los continentes empobrecidos de Asia, ífrica y América. Las multinacionales seguirán tras el control del agua, del petróleo, del oro y la plata, de tierras para generar agrocombustibles, de mano de obra barata.

Mientras tanto, el presidente atenderá la economí­a interna. Barrerá la suciedad que deja el dominio de la familia Bush en casi dos décadas de hacer gobierno en Estados Unidos. Discutirá con todos los sectores sociales de su paí­s y en polí­tica exterior establecerá relaciones con todos los gobernantes amigos y no tan amigos. Pero luego de una larga campaña en la que su principal promesa era el cambio, ¿qué cambios reales podrá impulsar?, ¿qué tan fuerte es la influencia de las petroleras, de los bancos, de los inversionistas en la bolsa, de las grandes industrias y qué tanto pueden influir los grupos de sindicatos, de ambientalistas, de organizaciones de inmigrantes, de pacifistas en las decisiones de Casa Blanca?

El fin del mundo está aún a millones de años de concretarse. Como tercera roca desde el sol, a la Tierra le queda de vida lo que al sol le queda de calor. Es a la humanidad a la que el tiempo se le acaba. Es la humanidad misma, a través de sus gobernantes, la que tiene la responsabilidad de no dejarse destruir por unos cuantos. La elección de Obama, es la esperanza de cambio relacionada con la conciencia creciente de la necesidad de revertir ese camino de suicidio de la especie que estamos recorriendo a pasos agigantados.