Obama vence de nuevo a Clinton


Barack Obama, senador de Illinois, ganó ayer en las primarias celebradas en dos estados, y aumentó la ventaja que tiene con su competidora Hillary Clinton, senadora neoyorquina, para hacerse de la candidatura demócrata de Estados Unidos.

El senador Barack Obama derrotó ampliamente a Hillary Clinton en las primarias realizadas ayer en Wisconsin y Hawai, lo que marcó su décima victoria consecutiva en la disputada carrera por la nominación demócrata a la Casa Blanca.


Tras el conteo del 99% de los votos de Wisconsin, el joven senador por Illinois recibió el 58% de los sufragios contra 41% para Hillary Clinton.

Obama también ganó el caucus demócrata de Hawai (76% contra 24% de Clinton).

«Houston, creo que hemos logrado despegarnos», dijo Obama ante miles de partidarios en Texas (sur).

A miles de km de allí­, la ex primera dama endurecí­a su discurso con respecto a su rival demócrata. «Tanto Obama como yo cambiaremos la historia. Pero sólo uno está listo desde el primer dí­a para ser presidente, a llevar la economí­a y a vencer a los republicanos. Uno solo de nosotros pasó 35 años trabajando, ha luchado y defendido a los que no tení­an voz; eso es lo que yo aportaré a la Casa Blanca, esas son las opciones en esta elección», dijo Clinton.

Los resultados son un mal presagio para la ex primera dama, de 60 años, a dos semanas de las primarias del 4 de marzo en Ohio (norte) y Texas (sur), donde está en juego un total de 334 delegados y en los que está obligada a ganar para revertir la pisada y lograr la candidatura demócrata.

Tras estas internas, Obama cuenta con 1.342 delegados contra 1.265 de Clinton, según el sitio especializado independiente RealClearPolitics (RCP). Para asegurarse la nominación del partido se necesitan 2.025 delegados.

Mientras, John McCain, favorito a ganar la candidatura republicana, triunfó en Wisconsin y en el Estado de Washington (noroeste), tal como era esperado, sobre su rival, el ex gobernador de Arkansas Mike Huckabee.

«Gracias Wisconsin por habernos llevado al punto en el que incluso un piloto supersticioso de la marina como yo puede afirmar con confianza y humildad que será el candidato de nuestro partido» en las presidenciales de noviembre, festejó McCain ante seguidores en Columbus, Ohio, un estado que en dos semanas podrí­a darle los delegados que le faltan para lograr oficialmente la candidatura republicana.

McCain deberí­a así­ adjudicarse los 40 delegados en juego en Wisconsin.

«No soy el candidato más joven, pero soy el más experimentado», agregó McCain, de 71 años y veterano de Vietnam.

Dirigiéndose a Obama, aunque sin mencionarlo, criticó su «elocuente pero vací­o llamamiento al cambio, que sólo promete (tomarse) unas vacaciones de la historia y un retorno a las falsas promesas y polí­ticas fracasadas de una filosofí­a trasnochada».

«Â¿Nos vamos a arriesgar al confuso liderazgo de un candidato inexperiente que una vez sugirió bombardear a nuestro aliado Pakistán?», se preguntó en relación a la amenaza de Obama de combatir a Al Qaeda sin la autorización de Islamabad si fuera necesario.

McCain también atacó a Obama por haber propuesto conversaciones sin condiciones a enemigos de Washington como Irán y Corea del Norte.

Pero en su propio discurso posterior a sus dos últimos triunfos, Obama pareció no estar arrepentido: dijo que Estados Unidos no debe temerle al diálogo con sus enemigos.

Las dos últimas primarias fueron el prólogo de los grandes enfrentamientos del 4 de marzo en Ohio y Texas, a los que Hillary Clinton considera decisivos.

Se suponí­a que Wisconsin, con sus legiones de obreros industriales, se inclinarí­a por Clinton, pero Obama repitió su hazaña de las primarias de Virginia y Maryland la semana pasada, consiguiendo votos en sectores que se suponí­an era feudos inexpugnables de la ex primera dama.

Obama le arrebató a Clinton buena parte de sus electores potenciales: las mujeres y los trabajdores sindicalizados. La senadora por Nueva York sólo triunfó en un segmento de los electores: los mayores de 60 años.

Costosos anuncios


Los precandidatos republicanos y demócratas a la presidencia evitarán propuestas de grandes cambios hacia Cuba que puedan costarle votos en la campaña electoral, a pesar de que Fidel Castro se alejó del poder y de llamados a una flexibilización de la polí­tica estadounidense hacia la isla, estimaron analistas.

«Todos los candidatos buscan ser elegidos. Realmente pienso que vamos a tener que esperar y ver después del 20 de enero (de 2009, cuando asuma el nuevo presidente estadounidense) si un nuevo lí­der entiende la gran oportunidad que hay aquí­ de hacer algo nuevo», resumió Sarah Stephens, directora ejecutiva del Centro de estudios para la Democracia en las Américas.

Ni el postulante republicano John McCain ni la demócrata Hillary Clinton hicieron anuncios de posibles iniciativas concretas al comentar la renuncia de Castro.

El demócrata Barack Obama fue el único en mencionar la posibilidad de «normalizar las relaciones y flexibilizar el embargo de los últimos 50 años», una medida supeditada a que las autoridades cubanas realicen «un cambio significativo» más que a la pura voluntad norteamericana.

La Oficina de Washington para América Latina (WOLA, por sus siglas en inglés), un centro de estudios crí­tico de las polí­ticas estadounidenses de aislamiento de Cuba, también puso el peso de un cambio en la balanza del próximo gobierno.

«Mientras la actual administración probablemente mantenga el viejo enfoque, los candidatos presidenciales para 2008 deberí­an adoptar una posición que mire más al futuro», reclamó en una declaración.

«Un nuevo liderazgo en Cuba presenta una oportunidad única para el próximo gobierno estadounidense. Comprometerse con Cuba a través de mayores contactos bilaterales, el final de la prohibición de los viajes (restringidos para los cubanoamericanos hacia la isla) y un avance hacia relaciones normalizadas serí­a el paso correcto desde el punto de vista de los intereses y valores de Estados Unidos», añadió.

Según WOLA, las polí­ticas estadounidenses que llevan a la falta de contacto bilateral, hacen que Washington sea «incapaz» de alentar los cambios que necesita la isla en materia de derechos humanos, por ejemplo.

El actual gobierno reiteró a través del número dos del Departamento de Estado, John Negroponte, que no habrá cambios en la polí­tica de Washington hacia La Habana.

Estados Unidos impuso un embargo económico y comercial contra Cuba en 1962, que se convirtió en la principal medida de polí­tica exterior estadounidense hacia la isla comunista y que tiene el respaldo del poderoso exilio cubano de Miami.

«Desafortunadamente, ni el gobierno de Estados Unidos ni el régimen sucesor en Cuba parecen preparados para lo que viene», opinó por su parte Dan Restrepo, director del progama para las Américas del instituto de análisis Center for American Progress de Washington.

«La polí­tica estadounidense debe estar marcada por una mayor flexibilidad y mayor apertura, no aprisionada por leyes anacrónicas generadas por una obsesión improductiva de décadas con provocar la desaparición de Castro», insistió.

En el mismo sentido, 108 congresistas, la cuarta parte de la Cámara de Representantes norteamericana, enviaron ayer una carta a la secretaria de Estado Condoleezza Rice, pidiendo «una revisión completa» de la polí­tica hacia Cuba.

«Después de cincuenta años, es hora de pensar en algo nuevo», escribieron.

Para Peter DeShazo, director del programa para las Américas del Centro para Estudios Estratégicos Internacionales, ni el actual gobierno ni los precandidatos harán anuncios de cambios tras conocerse la decisión de Castro.

«A corto plazo (…) no creo que haya ningún cambio en la dirección de la polí­tica estadounidense hacia Cuba con la presente administración», y entre los aspirantes a las investiduras partidarias, «ninguno va a decir algo muy tajante», expresó DeShazo.

El estado clave de la Florida, donde tiene más peso el exilio cubano y que terminó definiendo las elecciones del año 2000 en las que accedió al poder George W. Bush, sigue siendo un bastión inexpugnable para cualquier candidato que abogue por un levantamiento del embargo a Cuba, en una lucha electoral en la que cada voto cuenta.