Obama sigue y seguirá inmerso en la actualidad


Gran expectación hay y seguirá habiendo en los Estados Unidos de América, en la América Latina y en otras partes del mundo respecto de lo que acontece tras las elecciones que dieron el triunfo a Barack Obama.

Marco Tulio Trejo Paiz

No cabe duda que el hombre de color se mantendrá en el centro de la diosa actualidad a lo largo del cuatrienal perí­odo presidencial en el paí­s más poderoso del planeta Tierra.

Obama, brillante profesional de la abogací­a, egresado de Harvard, «flechó» a un sector mayoritario de la democracia norteamericana. Lo recibió en las urnas, con los brazos abiertos, el Tí­o Sam…

En su campaña polí­tico-electoral, el ahora presidente electo de USA prometió importantes realizaciones de su gobierno. Prioritariamente tratará de resolver satisfactoriamente la problemática financiera, la cuestión iraquí­, el caso de los inmigrantes indocumentados, entre otras cosas.

Habrá que esperar un tiempo para ver si así­ como ronca duerme el actual presidente electo estadounidense. Hay que darle tiempo al tiempo.

La «zurdada» de varios paí­ses latinoamericanos, de acuerdo con sus estrategias a lo soviético de otrora, está como enamorando y adormeciendo a Obama a la mejor conveniencia de sus inconfesables pero intuibles intereses y propósitos.

Ciertos timoneles de la región sudamericana ya están abogando, como sincronizadamente dentro de sus tácticas, porque Obama, una vez sentado en el trono del que se bajará en enero mister George W. Bush, deje en paz a la Cuba castrista, porque le levante el bloqueo y salte a isla caribeña para prodigar abrazos de amistad, entre sonrisas y abrazos propios de la diplomacia, a los «monarcas» que hoy por hoy continúan calobióticamente en el poder, o sean Fidel Castro, su hermanito Raúl y todo el rebaño que ha sido masificado hasta del pensamiento?

Cuba, según lo que dicen muchos opositores, incluidos los que lucharon junto a don Fidel en la Sierra Maestra («liberados» para siempre unos y encarcelados otros durante 20 años o más por el «delito» de no estar en el aro de otra dictadura tras la caí­da de la que jefeó manu militari Fulgencio Batista), debe cambiar radicalmente el sistema polí­tico, para luego desagraviar al pueblo con un orden de cosas sin las frí­as, chirriantes, ignominiosas e intolerables cadenas de opresión liberticida que sufren los cubanos desde hace ya casi medio siglo.

Es necesario, en realidad, que sea sustituido el status de Cuba por uno que brinde los frescos y vivificantes aires de las libertades que preconiza la genuina democracia.

A la entrada del nuevo año -2009-, que se augura con preocupantes problemas para la humanidad, dará inicio la administración de Obama. Se espera que haga honor con hechos, no con meras palabras que pueden llevárselas el viento, a las promesas de campaña polí­tico-electoral.

Como suele decirse en el argot popular, no es lo mismo verla venir que venir con ella? En la llanura puede criticarse acremente a quien se halla en la altura, pero otra es la situación cuando el criticón ha llegado a la cima para volver a la tundra sin haber hecho buen papel, buen trabajo de Estado.

Los estadounidenses son nacionalistas. Viven y han vivido prendados de su patria. Sin embargo, hay quienes, quizá con independencia de la voluntad, pueden estar dando armas a los enemigos para que se metan como alacranes en sus camisas.

Desde que los terroristas musulmanes, fanáticos hasta el suicidio, echaron abajo las Torres Gemelas erigidas en pleno corazón de Nueva York, el mundo entero se colocó al borde de los abismos de la inseguridad.

Uno se pregunta: ¿Cuál será el dios verdadero de los islamistas? ¿Será bondadoso o será un dios diabólico, también terrorista, como no pocos creen?

Esperemos sentados, contemplativamente, para ver qué pinta Barack Obama en sus actos de gobernante a partir de enero. Ojalá que mejore las relaciones de los Estados Unidos de América con el resto del mundo y que no vaya a echar de bruces a esa superpotencia como quisieran sus enemigos declarados o en potencia.