La disputa sobre la anticoncepción subrayó el tono político del presidente Barack Obama en su intento por atraer a los votantes independientes, sin perder a su base demócrata. Sus rivales republicanos, por su parte, están obligados a seguir haciendo énfasis en sus credenciales conservadoras para atraer a los activistas de derecha que dominan el proceso de contiendas primarias.
Es una dinámica que se produce cuando un presidente busca la reelección sin un competidor en su bando, mientras el otro partido batalla para escoger a su abanderado.
Obama ya está pensando en las elecciones generales y se puede dar el lujo de cortejar a los votantes que no se adscriben a un partido político.
Quien vaya a ser el candidato republicano se está moviendo hacia la derecha y probablemente tendrá que regresar al centro en los comicios de noviembre. Cuanto más lejos en el espectro se tenga que desplazar para ganar la nominación, más difícil será su tarea.
La diferencia fue clara el viernes, en actos paralelos, apenas a tres kilómetros de distancia en Washington.
En la Casa Blanca, Obama hizo una concesión cuidadosamente calibrada a los católicos, enojados por su decisión de exigir a empleadores afiliados a la religión, como hospitales y colegios católicos, que cubran el control de la natalidad en sus planes de seguros de salud. El presidente ajustó la norma el viernes. Dijo que las compañías de seguros ofrecerían beneficios anticonceptivos directamente a los empleados, lo que técnicamente deja a los empleadores fuera de la ecuación.
Funcionarios tanto de la Casa Blanca como de la campaña de Obama se sintieron aliviados por la reacción inicial.
Los grupos de promoción de la salud femenina, como Planned Parenthood, que en privado habían instado a no hacer ningún cambio, elogiaron la medida. Más importante aún, también lo hizo la influyente Asociación de Salud Católica de Estados Unidos, cuya crítica de la norma original le produjo problemas al equipo de Obama.
Al mismo tiempo, al otro lado de la ciudad, tres de los cuatro aspirantes presidenciales republicanos aparecieron por separado en la Conferencia de Acción Política Conservadora, una importante reunión anual de activistas de la derecha política. Cada uno trató de superar a los demás al proclamar su lealtad a los principios conservadores.
El ex gobernador de Massachusetts Mitt Romney, el ex presidente de la Cámara de representantes Newt Gingrich y el ex senador por Pensilvania Rick Santorum criticaron la política de anticoncepción de Obama. Ellos se mostraron como cruzados conservadores en una serie de asuntos.
Romney provocó sonrisas al decir que era un «gobernador severamente conservador». Gingrich dijo que el gobierno de Obama «le hace la guerra a la religión».
Santorum, que construyó gran parte de su perfil nacional al luchar contra la legalización del aborto, dijo que Obama está «diciendo a la Iglesia Católica que están obligados a pagar por cosas que están en contra de sus principios básicos y enseñanzas».
«No es acerca de la anticoncepción», dijo. «Se trata de la libertad económica. Se trata de la libertad de expresión. Se trata de la libertad de religión», agregó.
Los demócratas esperan que los votantes independientes lo vean de otra manera. Los estadounidenses, incluyendo a los católicos, apoyan mayoritariamente el control de la natalidad. El objetivo de Obama era reformular su política como una cuestión de igualdad de acceso a la atención sanitaria preventiva, no una disputa sobre los derechos religiosos o económicos.
«Creo que el presidente terminó por parecer la persona responsable en la sala», dijo Lanae Erickson, del grupo Third Way, o Tercera Vía, de tendencia demócrata, que ha estudiado las tendencias de votación de los independientes.
«Los candidatos en las primarias republicanas se fueron demasiado al extremo y se distanciarán de los votantes independientes», dijo.
Los estrategas de campaña debaten interminablemente cuál es el equilibrio adecuado entre buscar a los independientes y encender a las bases del partido. Karl Rove abrió un nuevo camino en 2004 al hacer mucho más énfasis en la base republicana, que impulsó al presidente George W. Bush a un segundo mandato.
La victoria de Obama en 2008, sin embargo, se construyó sobre la fórmula más tradicional de concentrarse en gran medida en los votantes independientes, y hacer todo lo posible por mantener estimulados a los activistas liberales de su partido. Desde entonces, Obama ha tenido problemas para superar su decepción.
Según Erickson, Obama no puede permitirse el lujo de apaciguar a los liberales con guiños a la izquierda que alejen a los independientes. A medida que el desencanto de la opinión pública con el Congreso se ha disparado en los últimos años, dijo, las filas de los independientes han crecido a expensas de los partidos Demócrata y Republicano.
«Este año va a tener la mayor participación independiente en la historia política moderna», dijo Erickson.
El proceso de primarias republicanas no muestra señales de concluir pronto.
Mientras más tiempo pase, Obama tendrá más oportunidades de intentar acercarse a los independientes que, como dijo Erickson, «van a tener la última palabra en esta elección».