Nunca, en ninguna época, la toma de posesión de un presidente de los Estados Unidos había despertado tantas expectativas y esperanzas como la del joven político demócrata Barack Obama, quien desde ayer se convirtió en el primer gobernante negro de la nación más poderosa del mundo.
Su discurso, al asumir la Presidencia, en la escalera del Capitolio en la ciudad de Washington ante miles y miles de personas, fue un discurso memorable sobre la crisis financiera y para los pueblos pobres, aunque dejó al margen temas de gran actualidad como la discriminación, la deportación de los inmigrantes de América Latina, el criminal bloqueo económico contra Cuba, las exigencias internacionales para el cierre del campo de prisioneros de Guantánamo y de las prisiones secretas de la CIA en otras partes del mundo, lugares en los que según las denuncias de grupos de derechos humanos, la tortura se practica como algo habitual.
En todo caso, sus palabras representan una esperanza del cambio que los habitantes de Estados Unidos y de las demás naciones están añorando luego de los ocho años de la desastrosa administración del Presidente George W. Bush, que lamentablemente dejó el legado de una impresionante crisis económica provocada por el aventurerismo y la ineptitud de políticas ultra conservadoras y neoliberales.
Además de pisotear, en nombre de la democracia, el Derecho Internacional vulnerando el principio de libre determinación de los pueblos como el caso de la invasión a Irak, durante los últimos años se retrocedió al fomentar los procesos llamados de desregulación en toda la economía, para maximizar las ganancias de las empresas privadas con lo cual se estimuló el consumo irracional basado en el endeudamiento que ha provocado un colapso que se asoma como un peligroso aviso de decadencia del sistema capitalista.
Al dejar el poder, el presidente Bush salió ensombrecido por una altísima impopularidad. El nuevo gobernante tendrá que abrir el paso a una era de paz, con prioridad para la libertad y la justicia. Los retos son enormes y aunque el presidente Barack Obama transmite la imagen de una actitud conciliadora y parece tener buenas intenciones, solo el tiempo permitirá conocer si la elite de poder que es la que realmente gobierna en Estados Unidos, le va a dejar que haga realidad los cambios necesarios para asegurar la supervivencia del sistema. Su primer desafío es tener que vivir con su familia en la Casa Blanca, una casa construida por esclavos.
Para iniciar la consolidación de una etapa diferente, el presidente Obama deberá tener presente siempre las palabras del prócer mexicano Benito Juárez en el sentido que «El respeto al derecho ajeno es la paz».