El presidente Barack Obama firmó ayer tratados de libre comercio con Colombia, Panamá y Corea del Sur —los tres primeros en su gobierno–, que podrían traer miles de millones de dólares a los exportadores y crear decenas de miles de puestos de trabajo en Estados Unidos.
Los tres convenios fueron negociados durante años, y las dificultades para que se concretaran hacen casi imposible la concertación de otros acuerdos similares durante el actual período de gobierno de Obama.
El presidente estampó su firma en los documentos sin las ceremonias con fanfarrias de triunfo que normalmente acompañan este tipo de acontecimientos.
Los republicanos, partidarios de los acuerdos de libre comercio, han sido persistentes en sus críticas a lo que consideran defectos de las políticas comerciales de Obama. Casi tres cuartas partes de los demócratas en la Cámara de Representantes votaron en contra de los tres tratados comerciales.
Con estos acuerdos aumentan a 20 los países que tienen relaciones de libre comercio con Estados Unidos.
El comercio persistirá como un tema importante, debido a que el gobierno impulsa un acuerdo importante para la Cuenca del Pacífico. El Congreso y la Casa Blanca tienen diferencias fuertes sobre China, y los republicanos censuran las políticas de Obama en momentos en que se acercan las elecciones.
«No creo que este gobierno presentará nuevos acuerdos de libre comercio», dijo el presidente del Consejo Nacional del Comercio con el Exterior, Bill Reinsch. «En los próximos seis meses debemos ir tras una liberalización comercial, aunque en partes manejables».
Los republicanos acusan al gobierno de Obama de avanzar con demasiada lentitud en la búsqueda de nuevos socios para concertar tratados de libre comercio, lo cual resulta en pérdidas para los exportadores estadounidenses ante los competidores extranjeros.
El gobierno asegura que promueve el libre comercio, pero desea garantizar que los socios se ajusten a las reglas, que se respeten los derechos básicos laborales y ambientales, y que promuevan la generación de puestos de trabajo en Estados Unidos.
En la tarde, Obama llamó por teléfono a los presidentes de Colombia, Juan Manuel Santos, y de Panamá, Ricardo Martinelli, para felicitarlos por la firma de los tratados.
En Bogotá, Santos celebró la firma y aseguró que sin el acuerdo Colombia se habría quedado «por fuera de un club muy exclusivo de participantes, de un pequeño puñado de naciones que goza del privilegio de tener acceso libre y garantizado al mercado más grande del mundo».
«México tiene TLC con Estados Unidos, lo tiene Perú, y lo tiene Chile; Centroamérica y el Caribe disfrutan de acceso libre. Todos ellos son nuestros verdaderos competidores, ellos iban en coche, y mientras a nosotros nos tocaba pedalear y sudar, como se dice popularmente, la gota gorda para poder competir», agregó Santos en una declaración en la casa de gobierno poco después de conocerse la firma del acuerdo en Washington.
«Sin TLC entrábamos a esa pelea con las manos amarradas, y ahora con la aprobación del tratado estamos, por fin, en igualdad de condiciones y vamos a recuperar el tiempo perdido», aseguró.
El presidente anunció además que no acepta la anunciada renuncia del actual embajador de Colombia en Estados Unidos, Gabriel Silva, quien había dicho a medios colombianos que tras la aprobación del tratado consideraba cumplida su misión en la capital estadounidense.
En el 2010 Colombia exportó a Estados Unidos 16.917 millones de dólares en productos como aceites de petróleo, flores, café y trajes de vestir, e importó desde aquel país artículos por 10.400 millones de dólares, principalmente aeronaves, vehículos de transporte y maquinaria como excavadoras, según datos del Ministerio de Comercio Exterior colombiano.
De enero a julio las exportaciones colombianas al mercado estadounidense sumaron 11.800 millones de dólares, y Colombia importó de aquel país 8.170 millones de dólares.
Santos ha dicho que con el tratado espera que la economía colombiana crezca un 1% adicional, se generen al menos 250.000 nuevos puestos de trabajo y las exportaciones a Estados Unidos aumenten 6%. Sectores sindicales y algunos gremios productivos han expresado temores de que se pierdan empleos debido a la competencia de los productos estadounidenses.
La presidencia de Panamá, por su parte, informó mediante un boletín que durante la llamada telefónica Obama felicitó a Panamá por «su democracia, transparencia y su pelea contra la corrupción».
Martinelli dijo sentirse igualmente «complacido por lograr la firma de este acuerdo comercial con Estados Unidos», y expresó su confianza en que «la implementación del acuerdo redundará en beneficio de ambos países».
El acuerdo entre Panamá y Estados Unidos eliminará más del 88% de los aranceles que impone el gobierno panameño a los bienes de consumo e industriales estadounidenses y la mayoría de los aranceles a las exportaciones agrícolas norteamericanas. También facilitará la inversión de capital estadounidense.