La Cámara de Industria se ha sumado a los comentarios de sectores o personas que consideran que la reforma fiscal propuesta al ejecutivo por la Comisión del Pacto Fiscal es inoportuna por la crisis económica mundial, tanto así que dicen que en este momento no se puede pensar en modificar la situación tributaria porque lejos de que se piense en aumentar la carga, valdría la pena bajarla para «incentivar» la economía en tiempos de recesión.
La verdad es que nunca una crisis económica había resultado tan conveniente porque la misma es ahora el pretexto que sirve para justificar la histórica y tradicional oposición a abordar en Guatemala el tema fiscal. Se insiste en que los impuestos tendrán efecto negativo en la economía, pero no se admite que nuestra mayor vulnerabilidad es consecuencia de los niveles de pobreza y desigualdad existentes. Y obviamente los impuestos son un mecanismo de redistribución de riqueza que ha sido utilizado por todo el mundo desarrollado para invertir y alcanzar ese desarrollo, aunque aquí algunos pretenden decir que los impuestos se pusieron después de que ya habían logrado el desarrollo.
Es importante seguir el debate sobre la cuestión tributaria porque refleja en buena medida la raíz de nuestros problemas y la tradición histórica del país. Somos reacios a admitir la necesidad de contribuir para financiar el desarrollo que permita ofrecer a la población mínimos de educación, salud y oportunidades alimenticias, factores sin los cuales no podemos nunca llegar a ser competitivos en este mundo global donde la verdadera competencia (distinta a la que pregonan muchos pero que nunca practican) toma en cuenta esos factores en cuanto a la capacidad del recurso humano.
Abordando los temas con absoluta propiedad uno tendría que decir que el momento más oportuno para hablar de impuestos es cabalmente una crisis en la que hará falta que haya más inversión social aunque sólo sea para comprar estabilidad y paz social. Pero está visto que en Guatemala nunca llegará el buen momento para hablar de impuestos y hoy es por la crisis pero mañana será por la recuperación tras la crisis y luego para no detener el impulso que pueda tener la reactivación. Así iremos entreteniendo la nigua hasta llegar a la siguiente crisis. El problema, sin embargo, es que los niveles de pobreza y déficit social hacen muy difícil la gobernabilidad y puede ser que de una crisis salgamos con lastimaduras que muchos no quieren siquiera imaginar pero que dejarán cicatrices indelebles en el sistema político. No es remoto un nivel de descontento tal que nos lleve a vivir momentos desagradables.