Concluida mi estadía en Tegucigalpa, quisiera compartir algunos sucesos ocurridos en el centro de esta ciudad, y que ilustran el escenario de violencia de estado que sufre la población hondureña que se opone al golpe de Estado, y que tuvo uno de sus momentos más álgidos el día 12 de agosto.
Fue el 46º día de resistencia, y de nueva cuenta marcharon decenas de miles de manifestantes. El día anterior habían llegado manifestantes del interior del país, que según señalaban llevaban caminando unos cinco días para poder llegar a la capital, ya que a muchos se les había bajado de los buses en los retenes de la Policía del gobierno golpista.
La movilización culminó en la sede del Congreso, donde se encontraba en tercera lectura el debate para aprobar una ley de servicio militar obligatorio, que busca que en «situación de emergencia», el país pueda reclutar a los jóvenes que considere necesario para integrarlos a las filas del Ejército. Al punto de concentración llegaron centenares de efectivos militares y policías, quienes por unas dos horas se enfrentaron a la manifestación con gases lacrimógenas, y capturaron a unas cien personas. Ahí escuché a una mujer que estaba buscando apartarse de los enfrentamientos y decía: «Parece que estamos en guerra aquí». Esta percepción de lo que vive el país y que el gobierno de facto y los simpatizantes que escriben en la mayoría de medios intentan disimular, es inocultable para quienes recorren el centro en esos momentos.
Con nuestra delegación nos hicimos presentes en el Congreso, y observamos que la Policía tenía retenidos en la sede del Legislativo a una decena de manifestantes, a quienes los tenían postrados en el suelo, boca abajo y con los pies descalzos, y les pegaban fuertemente con sus bastones. Había hombres y mujeres. Pueden buscar en YouTube.com el video «policía agrede a Alba Ochoa», para que vean ustedes mismos cómo le pegaban a esta dirigente.
Cuando el Ejército trasladaba a las personas detenidas, una familiar que reclamaba por el hecho fue rociada con gas pimienta, y un periodista que capturó la escena, fue golpeado con un bastón de hierro. Las fotos de los detenidos y la agresión al periodista pueden verlas en puebloenlucha.org. Llama la atención que la Sociedad Interamericana de Prensa -SIP- hizo una denuncia de la violación a la libertad de Prensa, por daños a las instalaciones de los medios comerciales, El Heraldo y La Tribuna, atribuidas a los grupos contra el golpe. Sin embargo, no reportan las agresiones contra estos periodistas por parte del gobierno de facto.
Las cárceles estaban todas llenas. A 26 personas -entre ellas las que retuvieron en el Congreso- fueron traslados a la sede del comando de operaciones especiales COBRA, que no es ningún centro de detención. En décadas pasadas, cuando también había represión, este lugar tenía fama de ser uno de los más cruentos. El hijo de un detenido comentó: -¿Y esto es la democracia? (porque así lo venden los golpistas).
Un hecho interesante es que había presos de distintas condiciones socioeconómicas, pues entre los manifestantes existen liberales, con una buena posición económica, que apoyan la restitución del presidente Zelaya, para volver al orden constitucional.
Esto es interesante para que reflexionen quienes hablan de emular esto que le llaman «lección de democracia hondureña», si están dispuestos a perder sus garantías constitucionales para botar a un gobierno por paranoias ideológicas.