Nuevos enfrentamientos estallaron en Trípoli hoy horas después de que el hijo de Moamar Gadafi apareció libre para negar las afirmaciones de los rebeldes de que había sido capturado y para reunir a seguidores.
Los rebeldes y las fuerzas leales al mandatario libio sostuvieron enfrentamientos intensos hoy, un día después de que los combatientes de la oposición incursionaron a la capital del país con relativa facilidad, asegurando que la mayor parte de Trípoli se encontraba bajo su control.
Densas nubes de humo gris y blanco cubrieron el cielo mientras los disparos de artillería pesada y las explosiones sacudieron varios distritos de la ciudad de 2 millones de habitantes. Parte de los combates más encarnizados sucedieron cerca del complejo Bab al-Aziziya de Gadafi y los barracones militares.
La reaparición de Seif al-Islam en Trípoli parece haber dado energía a las fuerzas leales a Gadafi.
El hijo y presunto heredero del líder libio Moamar Gadafi, Seif al-Islam, resurgió libre y desafiante hoy por la mañana, desmintiendo las afirmaciones de los rebeldes libios de que había sido capturado y jactándose de que el régimen aún tiene el control en Trípoli y aplastará la rebelión.
La repentina llegada -casi surreal- de Seif al-Islam a un hotel de la capital libia donde se alojan periodistas extranjeros hizo confusa la situación en Trípoli un día después de que los rebeldes incursionaran en la ciudad con sorprendente facilidad, generando una ola de euforia.
Seif al-Islam, quien era visto como el sucesor de Gadafi, se presentó esta mañana en el hotel Rixos, donde los periodistas extranjeros se alojan en Trípoli cuidado de cerca por gente del régimen. Llevó a reporteros en su convoy a partes de la ciudad que siguen bajo el poder del régimen.
Reporteros de The Associated Press estaban entre los periodistas que lo vieron y fueron al recorrido. «Vamos a ir a los mejores lugares de Trípoli», dijo Al-Islam.
El recorrido fue por calles resguardadas por seguidores de Gadafi fuertemente armados y controlaban retenes en las calles. Fueron a varios lugares donde se encontraban reunidos los seguidores de Gadafi.
El recorrido llegó a las afueras del complejo Bab al-Aziziya, perteneciente a Gadafi. Ahí estaban al menos un centenar de personas esperando a que les dieran armas de fuego que se distribuyen entre los voluntarios para defender el régimen. También recorrieron el barrio de Bu Slim, un bastión de Gadafi.
Aparentemente, los rebeldes tienen control de amplías zonas de la ciudad desde que entraron el domingo por la noche y el régimen de Gadafi parecía caer rápidamente. Sin embargo, era sabido que la zona alrededor del hotel Rixos y cerca de Bab al-Aziziya seguían bajo el control del régimen.
Además de Seif al-Islam, los rebeldes habían afirmado que tenían bajo custodia a otros dos hijos de Gadafi, pero eso no ha sido verificado.
No hubo explicación alguna, ni de Seif al-Islam ni del Consejo Rebelde en la ciudad de Bengasi sobre por qué el hijo de Gadafi había sido reportado como arrestado, algo que había sido confirmado por la Corte Penal Internacional en Holanda. Seif al-Islam y su padre son buscados por la corte por crímenes contra la humanidad.
Debido a que la corte había confirmado el arresto, su inesperada presencia alimentó la posibilidad de que hubiera escapado a la custodia rebelde.
Cuando se le cuestionó sobre la afirmación de la corte respecto de su arresto por rebeldes, contestó: «La Corte Penal Internacional puede irse al infierno», y agregó que «vamos a romper la espalda a los rebeldes».
En Bab al-Aziziya estrechó las manos con sus seguidores, que ondearon banderas verdes y afiches de su padre. Culpó a la OTAN por llevar a los rebeldes a la capital por mar.
En un momento, salió de la limusina blanca donde viajaba para saludar a la muchedumbre, que entonaba cánticos de apoyo mientras él hacía el signo de la V de victoria.
Dentro de la limusina, dijo: «Estamos aquí. Este es nuestro país. Esta es nuestra gente, y aquí vivimos, y aquí morimos. Y vamos a ganar, porque la gente está con nosotros. Por eso vamos a ganar. ¡Míralos, míralos, en las calles, en todas partes!».
Sobre la situación en Trípoli, dijo que «vamos a dar la vuelta a las zonas más enconadas para asegurarnos de que la situación esté bien».
Agregó que la OTAN y Occidente están distorsionando las comunicaciones en Libia.
Política y economía
El dramático avance de los rebeldes libios contra las fuerzas leales a Moamar Gadafi parece vindicar, al menos por ahora, la decisión del presidente Barack Obama de evitar desplegar tropas estadounidenses en Libia y permitir que la OTAN encabezara la campaña militar contra el hombre fuerte del país norteafricano, pero la Casa Blanca aún enfrenta obstáculos.
La manera en la que Libia alcance cierta estabilidad presenta un nuevo reto para Obama y pudiera influir la opinión pública, no solamente en torno a su política exterior sino en cierta medida la economía norteamericana.
No obstante, las noticias del avance rebelde sobre Trípoli no pudieron ser más alentadoras para Obama. Había euforia en las calles de Libia, Gadafi estaba escondido y caía el precio del petróleo: un elemento del peligroso estancamiento económico norteamericano.
«La intervención en Libia demuestra lo que puede lograr la comunidad internacional cuando nos unimos», dijo Obama desde su retiro vacacional en Martha’s Vineyard, Massachusetts.
Obama fue cauteloso al enfatizar que persiste la incertidumbre y que el régimen de Gadafi aún presenta una amenaza.
Llevará meses, además, para que los campos petroleros de Libia —incluso cuando el país alcance la estabilidad— produzcan suficiente crudo para reanudar las exportaciones. Cualquier exportación adicional, sin embargo, pudiera disminuir el precio de la gasolina, que ya ha bajado en más de 40 centavos por galón desde su cúspide en mayo.
En marzo, Obama apostó que la mejor manera de evitar un potencial catástrofe civil en Libia era mediante la construcción de una coalición de la OTAN y los países árabes a fin de librar una campaña militar aérea que protegiera a los ciudadanos libios de la represión de Gadafi. Su intención, empero, fue clara desde el principio: la salida de Gadafi.
El líder libio era considerado un patrocinador del terrorismo. En 1986 su régimen fue hallado responsable por el ataque con bomba contra una discoteca en Berlín frecuentada por soldados estadounidenses. Tres personas murieron en el atentado.
Dos años más tarde, un agente libio colocó una bomba que destruyó un jumbo jet de la aerolínea Pan Am mientras volaba sobre Lockerbie, Escocia.
La sublevación en Libia sigue a la muerte de Osama bin Laden a manos de un comando elite estadounidense, un gran logro para el gobierno de Obama que fortaleció su posición ante la opinión pública en torno a su manejo del terrorismo.
La remoción de Gadafi, empero, conlleva otras implicaciones. Una Libia estabilizada significaría la reactivación de la producción petrolera del país, lo cual posiblemente resultará en una reducción del costo del crudo, que subió en febrero cuando el flujo desde Libia se desplomó fuertemente.
Una y otra vez, el presidente estadounidense ha nombrado los levantamientos en el mundo árabe y el incremento del costo del petróleo como algunos de los «vientos contrarios» que han amenazado la recuperación económica.
Libia tiene las reservas petroleras más grandes de ífrica. Antes de la revuelta, era el décimo segundo exportador del mundo, al enviar más de 1,5 millones de barriles diarios, principalmente a mercados europeos.
La noticia del éxito de los rebeldes abatió el crudo Brent, que es utilizado para determinar el precio de muchas variedades de petróleo en el mercado internacional. El precio del Brent bajó en 92 centavos a 107,70 dólares por barril en Londres.
«Si los precios del petróleo continúan bajando, sería una ventaja real para la economía», dijo Mark Zandi, el economista principal de Moody’s Analytics. «Necesitamos todas las ventajas posibles en este momento», agregó.