Nuevo rumbo para la Unión Europea


Reunión. El presidente electo de Francia, Nicolas Sarkozy (I), junto al premier británico, Tony Blair, durante una reunión en Parí­s.

La llegada de Nicolas Sarkozy y Gordon Brown al poder en Francia y Gran Bretaña abre una nueva era de expectativas e incertidumbres en la Unión Europea, en un momento clave para resolver la crisis abierta por el paralizado proyecto de Constitución.


Con la partida del presidente francés, Jacques Chirac (1995-2007), y el primer ministro británico, Tony Blair (1997-2007), queda atrás una década de una forma de hacer polí­tica, con aciertos y errores, pero siempre con un sesgo proeuropeo, según los expertos y responsable comunitarios.

En cuanto al recambio, el primero en desembarcar será el conservador Nicolas Sarkozy, que asumirá como presidente francés el próximo miércoles y deberí­a tener un rol fundamental en las negociaciones para el nuevo tratado que reemplace a la Constitución rechazada por sus conciudadanos y los holandeses a mediados de 2005.

Aunque Sarkozy es aguardado con expectativa para ayudar a resolver esta cuestión a raí­z de su posición contraria a la organización de un nuevo referendo en Francia y favorable a un tratado simplificado, su llegada provoca en cambio preocupación en otros temas como la adhesión de Turquí­a, a la cual se opone.

Tras la victoria de Sarkozy frente a la socialista Ségolí¨ne Royal en la segunda vuelta de la presidencial francesa, el titular de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, manifestó su «plena confianza» en que el sucesor de Chirac «ejerza un papel motor en la resolución de la cuestión institucional y la consolidación de la Europa polí­tica».

Sin embargo, también le recordó que la UE «negocia con Turquí­a sobre la base de un mandato que habí­a sido decidido en forma unánime con los Estados miembros», en medio de un creciente temor sobre las consencuencias del incumplimiento de las promesas realizadas a Ankara.

«Sarkozy es al mismo tiempo una oportunidad y un riesgo para la polí­tica europea. Una oportunidad, porque va a reformar Francia y va a querer una Europa más fuerte, alentando las polí­ticas que den a Europa una voz en el mundo. Pero también un riesgo, porque Europa es como una familia en la que es necesario ser cooperativo», resumió de su lado el eurodiputado socialdemócrata Jo Leinen.

De todos modos, el recambio de poder en Francia deberí­a ser más favorable para la UE que el del Reino Unido, teniendo en cuenta que el actual ministro de Finanzas, el laborista Gordon Brown, que sucederá a Blair a fines de junio, no es conocido por ser precisamente un europeí­sta.

En Bruselas se recuerda que Brown «no vení­a a menudo a las reuniones de ministros de Finanzas europeos», según un diplomático, quien manifestó su esperanza de que el futuro primer ministro británico «se interese más por Europa».

«Europa es un tema engorroso para Gordon Brown. Será un socio extremadamente duro en las negociaciones sobre la futura Constitución», vaticinó de su lado el vicepresidente del Parlamento Europeo, el socialista francés Pierre Moscovici, todaví­a menos optimista.

Sin embargo, esta desconfianza podrí­a ser injustificada, ya que los analistas polí­ticos prevén que la polí­tica exterior del Reino Unido no cambiará demasiado con respecto de la era Blair, con quien la diferencia es más de forma que de fondo.

«Gordon Brown hizo pensar que era menos proeuropeo que Blair para conseguir el apoyo de la prensa. La polí­tica del Reino Unido no cambiará para nada», coincidió en ese sentido el británico Graham Watson, lí­der de los liberales en la eurocámama.