Nuevo Ejército


¡BASTA, la violencia NO puede dominarnos! Hablemos nuevamente de la pobreza. Hoy hablaré sobre cómo afecta la pobreza la vida de las niñas menores de edad. Las niñas que crecen imitando a sus mamás en lo que respecta a los oficios de la casa que todos conocemos, están expuestas a que otras personas, con comportamientos no deseados, se aprovechen de ellas debido a su crecimiento fí­sico y mental, no maduros, durante la pubertad. La pobreza produce un ambiente familiar donde a las niñas no les permiten hablar ni participar abiertamente en decisiones; más bien, nuevamente sólo pueden imitar a su madre.

Raymond J. Wennier

Probablemente la madre fue educada de la misma manera y sin oportunidad de asistir a la escuela. La educación formal no está en la lista de prioridades. Me dicen que las escuelas están llenas de niñas y que todas las que no tienen la oportunidad de asistir no son números publicados porque formarí­a estadí­sticas negativas. La familia probablemente vive en un solo cuarto con camas, mesa y cocina, todo junto. He ahí­ el problema. En la pubertad, 10 o 12 años, las niñas ya pueden concebir un niño. Junto a la pobreza está el problema del alcohol y su consumo aumenta el deseo sexual en los varones. En un solo cuarto, ustedes piensen en lo que puede suceder. Los padres, tí­os, abuelos, hermanos, se aprovechan de la niña bonita y la consecuencia puede ser un embarazo a su corta edad.

Ni fí­sica ni mental ni emocionalmente está lista para semejante acontecimiento. Durante el primer semestre de 2010, se han dado 21 mil partos en niñas entre los 10 y los 18 años de edad. La función de los padres de familia como guí­as, primeros educadores de sus hijos, se queda muy corto si no ausente. La pobreza y la falta de educación son semilleros de ignorancia y deja abiertas las puertas a ese comportamiento en varones jóvenes y de viejos también. La neurologí­a nos enseña que el «juicio» para saber la diferencia entre lo bueno y lo malo, está localizado en las funciones ejecutivas del lóbulo frontal y en especial en el prefrontal del cerebro. Esa área es la última en madurar en el crecimiento del ser humano. Es alrededor de los 25 años de edad que esa área madura totalmente.

Por consiguiente, una niña entre los 10 y los 18 años de edad no tiene la madurez para tomar una decisión acertada y los instintos primitivos controlan su pubertad y sus reacciones emotivas lo que hace fácil que alguien tome ventaja de ella. Entonces, ¿de qué estamos hablando? Educación, educación, educación. ¿Dónde se inicia? Mi criterio es que se inicia a una temprana edad, en casa, no importa si es humilde o rica. Estoy hablando de iniciar una acción educadora a las madres por medio de un nuevo ejército de orientadores. ¿En qué consiste esa educación a las madres? Enseñar cómo pueden lograr mejor salud para su familia, mejor nutrición para todos. Higiene en el ambiente familiar. Al ver la diferencia, crece su autoestima y se entra en un cí­rculo positivo de repetición.

Las madres y las niñas tendrí­an el deseo de aprender más cada dí­a y adquirirí­an los conocimientos necesarios para entrar en proyectos productivos. Así­ se mejora su entorno para que otras mujeres vean que sí­ es posible cambiar para ser mejor. Además, participarí­an activamente en los asuntos de su comunidad; se volverí­an autogestoras de bienes y servicios para su familia y su comunidad. Verí­an la importancia de la educación.

Las niñas tendrí­an otra perspectiva de vida con valores. Comprenderí­an por qué tienen que cuidarse porque habrí­an adquirido conocimientos en la escuela y en la familia que refuerzan la madurez emocional para respetarse a sí­ mismas y a otros, desde una temprana edad. Esa es la base para evitar que otros se aprovechen de ellas. Hay necesidad de un nuevo ejército. Este ejército tendrí­a miles de «reclutas» para atender a la población vulnerable. Si hay 333 municipios, necesitarí­amos un «ejército» superior a los 30 mil miembros. Esta es una ¡PRIORIDAD! No podemos seguir exponiendo a las niñas a troncar su vida por unos minutos de una acción deseada o no, por no entender las consecuencias resultantes en una pesada carga por el resto de su vida. Parte de este «ejército» ha estado en funciones por algunos años en el área rural, pero no son suficientes. ¿Qué hacemos entonces? Hace cinco años presenté el proyecto del «Centro de capacitación para la mujer» que se dedicarí­a a formar y capacitar a lí­deres identificadas en sus comunidades. Estas mujeres serí­an «multiplicadoras» de una nueva fase de educación desde la base de la madre. El grupo que atienda éste o los varios centros, deberí­a estar formado por educadores, sociólogos, psicólogos, filósofos, antropólogos y economistas para realmente proveer una base educativa sólida al NUEVO EJí‰RCITO. No sólo hay que hablar y publicar las estadí­sticas horribles de un estudio nacional o extranjero. Hay que identificar las causas pero sobre todo hay que ACTUAR. El futuro de más del 50% de la población lo demanda. ¡VISIí“N! ¡NUEVO EJí‰RCITO!