¿Nueva generación?


«Existen discursos de verdad, discursos que pueden matar y discursos que dan risa».

Michel Foucault

Ricardo Ernesto Marroquí­n
ricardomarroquin@gmail.com

Este sistema acostumbra desechar a las personas que no se adecúan a su modelo de desarrollo y modernidad. Los hombres, jóvenes, blancos, de pelo corto, con traje formal y heterosexuales son los arquetipos de un ser humano ideal, emprendedor y exitoso. Quienes no cumplen con estas caracterí­sticas quedan fuera «de la jugada», deben plantearse una lucha más audaz para conseguir el desarrollo personal.

Esta concepción ha sido evidenciada nuevamente por el Partido Patriota con el impulso de la figura del diputado Alejandro Sinibaldi, como representante de «la nueva generación». Ya está de más comentar sobre la candidatura anticipada, cuando a la vuelta de cada esquina vemos el rostro sonriente de este «joven» polí­tico.

Y es que hasta la concepción de juventud ha sido impuesta como una estrategia de segregación y dominación. Así­, joven es aquella persona que no pasa de los 35 años. Nada más. Con esta tajante clasificación, abandonamos a las personas mayores que tienen ideas innovadoras sobre nuestro relacionamiento social. Lo peor, es que tomamos personas que, a pesar que tienen considerablemente menos años de vida que los polí­ticos más veteranos, piensan y hablan como los verdaderos «viejos», como los representantes del más alto conservadurismo. í‰ste, precisamente, es el caso de Alejandro Sinibaldi.

La historia de Guatemala es una historia de violencia. Las dictaduras militares que se impusieron durante el siglo pasado son las responsables de miles de personas perseguidas, desaparecidas, torturadas y asesinadas. Al mejor estilo de los dictadores Somoza y Pinochet, en nuestro paí­s se aplicó la estrategia de la «mano dura». í‰sa, es una polí­tica represiva, conservadora y caduca que Sinibaldi apoya con su partido.

La pena de muerte es un castigo catalogado como inhumano, ya que el propio Estado se convierte en un asesino; la pena capital no es más que una venganza de la sociedad contra sus propias consecuencias. Si bien no hay que olvidar que es otro partido polí­tico el que está sacando más raja de esta macabra propuesta, tampoco hay que dejar por lado que el Partido Patriota también apoya esta extrema medida. Y la pena de muerte no es, precisamente, una propuesta joven.

No se puede pensar tampoco en juventud cuando se apoyan propuestas de entreguismo y de destrucción del medio ambiente. Fue el diputado patriota, Alejandro Sinibaldi, uno de los integrantes de la Comisión de Energí­a y Minas del Congreso que interrogó a los ministros Carlos Menocal (Gobernación), Jerónimo Lancerio (Cultura y Deportes) y Luis Ferraté (Ambiente y Recursos Naturales), por haberse opuesto, desde el Gobierno, a la ampliación del contrato a Perenco para extraer el petróleo de nuestro paí­s, dejándonos unas migajas como regalí­as y una severa destrucción del medio ambiente. Apoyar una medida que pone en riesgo el futuro de nuestra naturaleza no es, tampoco, una caracterí­stica de la juventud. Tampoco lo es el apoyo a las actividades de extracción minera en varios departamentos del paí­s, donde comunidades indí­genas, han expresado democráticamente ese tipo de desarrollo impuesto desde lejos.

De nuevo, nos quieren imponer un discurso tradicional y conservador, que garantice la implementación perpetua del neoliberalismo en nuestro paí­s, disfrazado de innovación. La juventud, esa que es real y que no tiene los millones de quetzales para comprar vallas por todas las calles y avenidas de la ciudad, propone un verdadero cambio a este sistema que desprecia la vida. Esa juventud, es la que vale la pena.