La crisis energética mundial es un fenómeno adicional que nos está sumiendo en una problemática cuya complejidad tiende a aumentar. A éste, hemos de agregar la pobreza extrema que tiene sumido a un amplio sector poblacional y, para los capitalinos y los habitantes de los centros urbanos del país, la sola amenaza de un alza al transporte colectivo implica acentuar la desestabilización de nuestra ya precaria gobernabilidad. Entre otros, nuestros grandes problemas: pobreza, desnutrición crónica, dependencia energética y el transporte colectivo, no son recientes.
No tardará en ser increpado a nuestros gobernantes los resultados concretos que hemos de esperar los guatemaltecos frente a la crisis generalizada. Resultados concretos derivados de las comitivas al extranjero. La V Cumbre de América Latina, el Caribe y la Unión Europea, finalizó con la Declaración de Perú, por medio de la cual se plantean dos grandes puntos de este documento los que obedecieron una especial atención de parte de los gobernantes. Por un lado la erradicación de la pobreza, la desigualdad y la exclusión y el otro segundo gran tema el desarrollo sostenible: medio ambiente; cambio climático; y energía. Es el último de los cónclaves a los que asistió el presidente Colom y del que, repito, no se tardará en demandar acciones específicas.
Empero, hay que tomar en cuenta la vieja data de esta asfixiante problemática. Que tengamos una población desnutrida, por ejemplo, no es una situación que se ha producido en los últimos cinco meses. Y así podremos continuar estableciendo puntos de partida para cada aspecto que hoy nos rodea y nos llena de dificultades, como sociedad, como Estado, como país. Pero el aspecto toral es que tampoco podemos escudarnos en el legado que se ha heredado. De hecho, lo deseable es iniciar un proceso que vaya más allá del asistencialismo por un lado y que por el otro, logre desplegarse más allá de las cuestiones meramente declarativas.
Se tiene que hacer algo. Y ese algo ha de ser integral. Necesita ser integral. De lo contrario está condenado al fracaso en el relativamente corto plazo. En cuanto a nuestra población rural, debiera tomarse como aspecto inicial, por ejemplo, la distribución del fertilizante, para emprender procesos que incluyan el eventual acceso al crédito y la tecnificación en la producción agrícola con miras no solo a incrementar el volumen a producir, sino generar apertura de mercados y garantizar la seguridad alimentaria.
En lo urbano y el transporte colectivo es necesario, urgente, que se plantee un punto de solución definitiva. Está más que probado que el mentado subsidio, que desde 1983 se viene otorgando de manera sostenida, no ha hecho más que acentuar un pésimo servicio, sino que además ha fomentado un parasitismo que propicia el chantaje.
En septiembre de este año, habré de cumplir 15 años de estar incursionando en el mundo del periodismo de opinión. Sale a cuento este hecho particular, pues debo mencionar que desde aquellas apariciones en «Cartas de los lectores», plantee la necesidad de generar un sistema que pudiera hacer de lado el uso de efectivo para el abordaje de las unidades. Regularizar y espaciar las «paradas» y crear mecanismos para apegarse a ciertos horarios en cuanto a la regularidad de la presencia de las unidades en las diferentes rutas y puntos. í‰stas, por mencionar tan sólo algunos aspectos. Pero en los últimos 15 años lo único que hemos tenido, a coste de otros esfuerzos y sacrificios que no se han cuantificado, es la implementación parcial del denominado «Transmetro».
Es imperativo que tanto el gobierno central como el gobierno municipal establezcan una «Mesa de Diálogo» en torno de esta problemática y que de manera conjunta, con los transportistas y usuarios, se aborde para intentar encontrar una solución más allá de la coyuntura. Dar rodeos es una muestra de habilidad, pero no de capacidad para superar este viejo problema.