La mayoría de guatemaltecos seguimos andando con la cabeza gacha sumidos en la frustración causada porque nuestro país más parece ferretería. Es que no hay día de Dios que no aparezcan clavos. Fuera por el corrupto Congreso; la compra anómala de medicinas; la mala entrega de la Bolsa Solidaria; porque la Contraloría no cumple con sus deberes; por la lentitud del Ministerio Público para velar por el estricto cumplimiento de las leyes del país, en fin, que como están las cosas y mientras no se detenga el mal proceder de tanto funcionario público deshonesto, seguimos de mal en peor.
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Pero de un tiempo a esta parte los sonoros triunfos de nuestros deportistas nos han hecho pasar momentos sumamente gratos demostrando que son la excepción que confirma la regla, para que en nuestra linda tierra del Quetzal no todo sean clavos y que a pesar del poco apoyo que se les brinda, sean capaces de hacer temblar de emoción a sus 14 millones de habitantes. Pero no todo debiera quedar en algarabía y emociones, también debiéramos ponerle atención al enorme esfuerzo de nuestros deportistas para que sean estimulados debidamente.
No es justo que solo sirvamos para aplaudir. La semana pasada también lo hicimos, al enteramos que dos lindas patojas habían alcanzado el tercer lugar en una competencia de voleibol de playa, lo que les permitirá estar más cerca que nunca de obtener un boleto para asistir a las justas olímpicas a celebrarse en Londres 2012 pero, como dije antes, tenía que aparecer el clavo, ¿sabía usted estimado lector en qué condiciones Susana Alvarado y Anna Lourdes Ramírez fueron a dicha competencia celebrada en Playa Carmen, Costa Rica?
Suficiente es que sepan que la federación respectiva desde el año pasado ya no les permitió contar con entrenador con experiencia internacional para aprender nuevas técnicas y así poder estar al más alto nivel; que tuvieron que viajar solas, es decir sin la compañía del entrenador ni del delegado que debe atender elementales aspectos de logística, lo que les provocó más inconvenientes. Y para colmo, no les proporcionaron viáticos, ni siquiera uniformes, teniendo que poner de su bolsa hasta para pagar los respectivos impuestos en los aeropuertos. ¡Vaya que los pasajes les fueron enviados por la entidad organizadora del Norceca!
Mientras tanto, la danza de los millones de quetzales de nuestro país le sigue dando la vuelta al mundo, al compás de la denuncia de la Secretaría de Control y Transparencia de haber constatado “una red que se roba alrededor de Q700 millones del deporte y que trabaja en varias instituciones”. Pero, ¿será cierto que se investigarán tales denuncias hasta llegar al fondo de las mismas?, ¿servirá ello para que nuestros deportistas, si no es que viajan a cuerpo de rey, al menos sean debidamente apoyados por las autoridades centrales y autónomas constituidas con ese fin?