Nuestro laberinto


walter-leandro-del-cid-ramirez

La actual crisis del lado colectivo, se refleja en los ámbitos: económico, político y social. Desde la perspectiva del individuo, se acrecienta la frustración y la aparente imposibilidad por emprender un cambio que se traduzca en una mejora significativa en pro de una recomposición o reforma del Estado. En otros tiempos podría haberse llegado a pensar que se están dando las condiciones para una reforma auténticamente democrática. Y desde su opuesto, simplemente que todo cambiará para seguir igual (o peor).

Walter Guillermo del Cid Ramírez
wdelcid@yahoo.com


A la llegada del conquistador, luego del colono y la segmentación social posteriormente acrecentó la dominación, exclusión y subyugación de los descendientes de los pueblos originarios por casi trescientos años. Poco o nada cambió con el evento político denominado “la independencia”. Del 1821 al liberalismo del 1871, las Provincias Unidas de Centroamérica aumentaron sus distancias y consolidaron sus diferencias. Y Guatemala, como ironizaban en Argentina, pasó a ser Guatepeor. De 1871 a 1944, se apostaron dos de las más férreas dictaduras que ha padecido nuestro país, pero fueron denominados regímenes “liberales”. La institucionalidad creada entre 1944 y 1954, a pesar de los embates y algunas desnaturalizaciones, aberrantes, como la del Instituto Guatemalteco de Seguridad Social, aún viven. De 1954 a 1984, la fachada electoral no hizo sino acentuar la pantalla de un dominio que se jactó en la fuerza de las armas y de los uniformados, y siempre al servicio de los poseedores del capital. Más de 200 mil muertes es el recuento del período.

El poder económico que articuló la farsa independentista, de entonces para acá, no ha dejado de manipular el quehacer público en su propio y particular beneficio. Algunas veces en forma más descarada que en otras. Con la constituyente de 1984, y luego la promulgación de la actual Carta Magna en 1985, muchas cosas se pretendieron cambiar. Escasamente siete años duró su inmaculada estructura. Con el Serranazo, se produjeron giros que fragmentaron y debilitaron la ya decadente institucionalidad pública guatemalteca. Y la más severa acción se propinó con lo que dio en llamarse la “desincorporación” del Estado, bajo la conducción del régimen de 1996-2000. En estos “juegos de poder”, hubo, ha habido tanto políticos comparsas, como políticos oponentes al descaro democrático. Pero la seducción del poder económico ha podido más, mucho más que el ejercicio de lo público en el marco de lo ético, político y democráticamente viable. Al que no se alinea se le elimina.

En ninguna de las actividades humanas hay generación espontánea. En todos los actos colectivos hay procesos, hay causas así como hay efectos. Pretender esperar que de la noche a la mañana emerjan “políticos buenos” en una sociedad acostumbrada a la corrupción, cómplice silenciosa o acallada de la impunidad y ajena a los problemas colectivos, tal espera no es más que otro tipo de demagogia al servicio de aquellos que siempre han dominado el desempeño de lo público. Pero el actual estado de cosas no puede continuar tal cual. Existen varios elementos externos que nos impelerán a propiciar nuevas reglas, un nuevo orden, una configuración diferente del Estado. Si Europa se desborda en su crisis financiera, habrá repercusiones. Si Estados Unidos sucumbe ante su propia crisis, nuestro laberinto se acrecentará. Y más aún, si la disposición de medir fuerzas de alcance global, hacen de Siria el escenario de una conflagración más allá de la propia región, el mundo será arrastrado a una serie de dificultades que trastocarán a muchas naciones. Nuestro entorno tendrá su propia y severa afección.

Pareciera entonces que se tendrán que buscar los medios y los mecanismos para inducir un cambio. Ayer Acción Ciudadana, nos ofreció un ejemplo de cómo se puede condicionar el desempeño público político. Falta ver si con la manera en la que ahora se puede saber el comportamiento de quienes ocupan un cargo en el Congreso en razón de representantes del pueblo, en efecto reaccionan en consecuencia con su pronunciamiento público, esta vez, mediante el impulso de la normativa contra la corrupción. Si este ensayo es positivo, entonces, es predecible que algo similar habrá de ejercerse para impulsar la necesaria reforma del Estado y su imperativa reforma política. El Presidente de la República, abrió la compuerta de la presa, falta ver si las aguas se conducen por los cauces hacia una consolidación democrática, o si tal abertura es tan manipulada que solo produzca un anegamiento generalizado que nos hunda más en el lodo y el fango de nuestras inequidades e injusticias. El asunto ahora, a mi juicio, es que con un escenario internacional tan poco alentador, hasta ese poder económico tan acostumbrado a manipular por la vía de la compra, no la tendrá tan fácil. Ahora también compiten con el poder fáctico del narcotráfico y el crimen organizado. Cambio, cambio o cambio para seguir igual. Ya veremos.