Nuestro país debería ser nominado a recibir algún premio mundial por su especialísima característica de presentar casi todos los días, noticias y escándalos dignos para figurar en los libros de «Aunque usted no lo crea»; lo anterior se documenta en los medios informativos que nos presentan sus investigaciones periodísticas y descubren actos ilícitos cometidos por funcionarios públicos o «empresarios» financistas de partidos políticos.
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Como guatemaltecos nos sentimos avergonzados de la clase política que nos ha gobernado durante los últimos 50 años, porque ha sido la escuela avanzada para enseñar a los pícaros cómo se hace y comete el latrocinio en contra de los más caros intereses de la Patria; es decir, de la población guatemalteca que se queda sin la oportunidad de gozar de los beneficios a que está obligado el Estado prestar. Los responsables de la situación de violencia y criminalidad que vivimos son muchos; desde los ex presidentes de la República, los ex jefes de Estado, los ex ministros, diputados, directores generales, ex magistrados de la CSJ, de las salas de apelaciones, jueces, fiscales generales y fiscales en general, pues sus conductas como funcionarios fueron intencionadas para llenar sus bolsillos por medio de negocios ilícitos, tráfico de influencias, cohechos activos y pasivos, amenazas y coacciones. Pero no sólo ellos, también son corresponsables en esta debacle el sector oficial magisterial de nivel primario y secundario, así como el universitario pues no cimentaron los valores éticos y morales en la población estudiantil a su cargo, lo cual por miedo a represalias degeneró en anarquía y prepotencia por parte de los educandos. Y los hogares tuvieron una responsabilidad mayor; pues desatendieron esa parte tan importante de la formación humana como es la guía directa en la vida de la niñez y juventud. Ahora, después de contemplar la responsabilidad social de cada uno de los sectores indicados, YA NO HAY TIEMPO PARA LAMENTACIONES; debemos reiniciar el trabajo en cada uno de los estratos en que desarrollamos nuestras actividades; será la única manera de trabajar una esperanza de cambio conductual en la población guatemalteca. Podemos rescatar esos valores olvidados, hablar y hablar acerca de ellos en cualquiera circunstancia; recordemos que educar consiste en repetir y repetir hasta lograr cambios de conducta en el ser humano; y nuestra población lo merece para no seguir lamentando muertes de niños, adolescentes y jóvenes que están enlutando nuestro país, más que cuando sufrimos el enfrentamiento armado. Los acontecimientos actuales, son el producto de nuestra apatía, miedo, descuido, ablandamiento de carácter, abandono y desidia por no enfrentar nuestros deberes como padres, madres, funcionarios y empleados del Estado.
¿De qué nos quejamos?