Nuestra historia política, ha sido borrascosa


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Recordando un poco de la historia reciente de Guatemala (unos 50 años), se infiere que las raíces de la violencia política se iniciaron a partir de 1954 con el golpe militar patrocinado por la CIA, sus ejecutores (Ejército, políticos conservadores, los terratenientes y hombres de negocios) gobernaron Guatemala bajo el entendimiento tácito que un proceso político que contemplara unas elecciones libres o una participación popular mayor, era contraria a sus intereses.

Fernando Mollinedo
mocajofer@gmail.com


Las profundas diferencias étnicas de clase y las agudas disparidades socioeconómicas inhibieron el desarrollo de la tolerancia y el compromiso político como elementos de la democracia; por ello, es poco probable que la sociedad guatemalteca sea capaz de sostener un sistema político pluralista, pues aumenta cada día la polarización con sus niveles de violencia y persistirá el dominio del sistema político por parte de los militares.

El Ejército, que ha gobernado a Guatemala desde la mayor parte de su historia moderna con el apoyo de los políticos de derecha y los conservadores hombres de negocios, desarrolló una mentalidad de “Estado de Sitio” y decidió aplastar a sus oponentes reprimiendo a culpables e inocentes por igual con sus brutales tácticas contrainsurgentes. El Ejército se profesionalizó y alcanzó nuevos y más altos niveles de lealtad institucional así como de especializaciones técnicas; sin embargo, en esas actitudes profesionales más modernas  siempre faltó de manera ostentosa el respeto al principio de supremacía del poder civil.

Los miembros del Ejército se ven a sí mismos como los guardianes de la nación, por encima y más allá de la política; sin embargo, el Ejército sigue estando dividido como institución por las ambiciones personales y las rivalidades entre sí por la lucha de ascensos y por ende al poder.

Es del dominio público que en 1954 se terminó con una década de reformas sociales y económicas, el país ha sido dirigido por élites que consideran al gobierno como un instrumento de mantenimiento del orden social, proporcionando mínimos servicios y dejando que el libre mercado siga su curso; la Política ha sido utilizada para evitar el retorno al poder de reformadores identificados con políticas anteriores a 1954.

Las familias rurales, viven en las tierras altas hacia el norte y noroeste del país; cultivan parcelas de tierra pequeñas y de pobre calidad que no se les pueden aplicar técnicas modernas de cultivo.  La disminución de tierra disponible fuerza a cientos de miles de indígenas a emigrar cada año a las plantaciones de la Costa Sur en busca del trabajo de estación.   

La influencia de la cultura moderna cambió el estilo de vida tradicional de grupos sociales políticamente pasivos, en especial a la población indígena,  quienes aumentaron sus aspiraciones sociales e incrementaron su rechazo a la constante injusticia y opresión.  Las élites dominantes interpretaron estos factores –y aún– como un reto subversivo al orden establecido y los han dejado mayoritariamente al margen del desarrollo económico y social del país.

El recuerdo del período Arévalo-Árbenz inculcó en los militares y la derecha política del país una profunda sospecha hacia cualquier movimiento a la izquierda, aunque fuera sólo ligeramente del centro.  Esta sospecha es la obsesión de la escena política desde 1954 y los regímenes que le siguieron hasta la presente fecha, aplicando el término de “comunista” a las propuestas más elementales de reforma o de avanzar hacia la modernización.     

Debemos conocer la historia de Guatemala, así podremos comprender nuestra realidad, de lo contrario seguiremos emitiendo juicios sin fundamento y de forma hepática.