En la primera parte de este tema concluía en la importancia de la educación cívica de la escuela primera, como un punto de partida para propiciar mayor participación de los habitantes de nuestro país, en tanto ciudadanos en acción y ejerciendo un compromiso social activo y constante. Debo indicar que esas primeras apreciaciones las colegí de una lectura rápida del estudio que fuera presentado al final del día 31 de mayo pasado.
Sin embargo, en la página 125 el estudio textualmente señala: para efectos prácticos, cabe señalar que la falta de educación cívica, más específicamente de educación democrática, es un factor relacionado con la falta de asistencia a las urnas: votar no es importante para aquellos guatemaltecos para quienes la democracia no tiene un significado conceptual claro.
Un apreciable lector me señalaba que me había hecho llegar sus propias consideraciones y que yo había permanecido ajeno a sus comentarios, tal hecho quiero tomarlo para aplicar un correctivo en la presentación de esta columna tanto en la versión electrónica como en la impresa en cuanto a la dirección electrónica por la que estoy receptivo a quien se desee comunicar conmigo. Esta es wdelcid@intelnet.net.gt, ya que en la versión impresa aparece una dirección que ya no está habilitada.
Dicho lo anterior quiero referirme al contenido de la página 55 del estudio comentado, y que se refiere a la «confianza en instituciones públicas en Guatemala, 2006». A los consultados se les interrogó sobre varias dependencias públicas. El estudio muestra al final 13 instituciones de las que únicamente tres están por encima del 50%, siendo estas: la Municipalidad (56%), de cada uno de los consultados; Procuraduría de los Derechos Humanos (53%) y el Ejército (con 52%). La más baja confianza se encuentra en los partidos políticos (41%); el Congreso (42%) y, Policía Nacional Civil (con 43%).
No obstante y cruzando la información con otro estudio presentado anoche referido a la «Conciencia Política de los guatemaltecos», en nuestro país se percibe que el Presidente de la República (quien sea) ejerce el poder político en una escala del 43%, seguido del poder económico (o los ricos, como generalmente se les denomina), con 27 % y los diputados al Congreso de la República con un 22%.
Así las cosas, de manera general los guatemaltecos permanecen ajenos a los acontecimientos y las luchas políticas. Se mantiene arraigada la percepción de que el Presidente todo lo puede y lo debe resolver. No se ha logrado trasladar una noción de equipo entre las personas que han ejercido el poder público. Esto último no sólo referido al actual gobierno central sino extensivo a los gobiernos sucesivos a partir de 1985. La otra semana concluiré estos comentarios abordando la serie de incidencias alrededor de la alta confianza de los guatemaltecos en su respectiva municipalidad.