«No podemos pasar por la universidad al margen de los problemas del pueblo.»
Salvador Allende
Fue la lucha de los estudiantes argentinos de la Universidad de Córdova, a inicios del siglo pasado, la que permitió que por primera vez se discutiera sobre la necesidad de la «autonomía» de la educación superior. En 1918, obtuvieron el triunfo, la Reforma de Córdova permitió que se llevaran a cabo la propuesta del movimiento organizado estudiantil: el cogobierno, concursos de oposición para la selección del profesorado, docencia libre, gratuidad de la enseñanza, democratización del ingreso, fortalecimiento de la función social, proyección de la cultura universitaria al pueblo, preocupación por los problemas nacionales mediante la extensión universitaria y lucha contra las dictaduras y el imperialismo.
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Esta propuesta de autonomía correspondía al momento histórico y político que vivían los estudiantes argentinos. Al conocer la historia de los pueblos de Latinoamérica, no sorprende que a casi cien años, las causas que hacen necesaria la autonomía universitaria, persistan y, sobre todo, en Guatemala. Sin embargo, es penoso que instituciones de la Universidad de San Carlos de Guatemala (Usac) de alto rango como el Consejo Superior Universitario (CSU) y la Asociación de Estudiantes Universitarios (AEU), a pesar de su discurso tan a «favor de la universidad y de las causas sociales», cada vez se alejen más del esfuerzo por la defensa de la autonomía.
Son las autoridades de la Usac las responsables de la situación en la que se encuentra nuestra casa de estudios. Ellos, que tienen el privilegio de tomar decisiones a nuestro nombre, están dirigiendo los estudios universitarios a la reproducción de nuestro sistema económico, político y social tan injusto, en vez de generar pensamiento de cambio para la construcción de una sociedad más democrática y equitativa.
No cabe duda que el Campus Universitario se ha convertido en una réplica en miniatura de nuestro corrompido sistema político. Es evidente que las campañas políticas a la rectoría, por ejemplo, suelen representar una inversión de millones de quetzales que sólo los que pactan con algunos sectores de las élites tradicionales y otras no tan transparentes, tienen oportunidad de ganar.
No digamos el proceso de elección para los representantes de la AEU. A pesar que todos los estudiantes pertenecemos a esta institución, quienes las ocupan desde hace varios años, hacen las convocatorias tan a escondidas, que únicamente ellos tienen oportunidad de ser electos.
Otra de las características que la Usac refleja de nuestro país es la imposibilidad del diálogo. Así como miles de campesinos y sindicalistas están obligados a salir a las calles porque se acostumbra prometer y no cumplir, los Estudiantes por la Autonomía (EPA), no tuvieron otra opción que paralizar las actividades de la universidad para ser escuchados.
Más muertos no necesitamos. Los militares que estaban al servicio de las élites económicas se encargaron de asesinar, durante las últimas décadas, la cantidad de estudiantes y catedráticos que la historia guatemalteca podría cobrarse. Por ello, la violencia no es, como lo han intentado hacer a través de marchas de «camisas blancas» e integrantes de la AEU que a punta de pistola quisieron solucionar las cosas, la salida a este conflicto.
No es un «puñado de estudiantes» el que tiene tomada la universidad. Somos miles de hombres y mujeres los que creemos que la autonomía universitaria significa llevar a la Usac, a través de la ciencia, a la sociedad y, por eso, nos encontramos del lado de EPA. Luchamos, desde nuestros espacios, por una universidad que genere movimiento, no que esté muerta, como la han mantenido durante los últimos años.