Nuestra América, revolucionaria


«Ha llegado la hora de declarar nuestra segunda independencia.»

José Martí­

Desde el inicio de su historia occidental en 1492, «nuestra América», como llamó a este continente el cubano José Martí­, ha sido escenario de las más diversas luchas revolucionarias por la transformación de la sociedad, por la construcción de Estados en donde el estigma del colonialismo y la esclavitud no determinen más las relaciones entre los seres humanos.

Ricardo Marroquí­n
rmarroquin@lahora.com.gt

Repasar la historia polí­tica de «nuestra América», región comprendida por los paí­ses de Latinoamérica, Brasil y las Antillas, no es un esfuerzo trasnochado, como lo afirman los más reacios defensores del conservadurismo, antes funcionarios de la dictadura militar y hoy ideólogos y voceros del neoliberalismo. Remitirnos a nuestra historia es contribuir al esfuerzo de reconocernos con nuestros ojos para construirnos con nuestras propias manos.

Roberto Fernández Retamar, en su libro «Pensamiento de nuestra América. Autorreflexiones y propuestas.», editado por el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales (CLACSO) nos guí­a por la ruta revolucionaria del continente: el primer dí­a de 1804 un ejército conformado por esclavos negros proclamó la independencia de la isla de Santo Domingo, rebautizándola con su nombre indí­gena de Haití­ al grito de Independencia o muerte; a partir de 1810 México, Venezuela, Rí­o de la Plata y Chile iniciaron guerras para lograr la independencia de Hispanoamérica; 1868 fue el año en que estallaron sendas guerras en Cuba y Puerto Rico contra España y contra el nacimiento del imperialismo estadounidense.

Ya en el Siglo XX, en 1910, México fue protagonista con una revolución militar y campesina que impulsó, entre otras cosas, la nacionalización del petróleo; ocho años después el estallido fue en Córdova, Argentina, con la Reforma Universitaria; en octubre de 1944 Guatemala sepultó la dictadura militar e inició un perí­odo de diez años de democracia; la Revolución Cubana de 1959, el gobierno de Salvador Allende en Chile iniciado en 1970, el triunfo de la Revolución Sandinista en Nicaragua a finales de la misma década y el levantamiento del Ejército Zapatista de Liberación Nacional en Chiapas, el 1 de enero de 1994, fueron los últimos grandes acontecimientos de transformación radical económica, polí­tica y social que se suscitaron en nuestra región.

Precisamente, para que no podamos identificarnos como latinoamericanos, como herederos de una historia de lucha por la dignificación del ser humano, se nos oculta nuestro pasado y, con esto, nuestra identidad.

Guatemala es un claro ejemplo. Con total descaro nos han impuesto el silencio y la desinformación, y seguimos en la construcción y fortalecimiento de la «patria del criollo», esa que desde la segunda década del siglo XIX genera exclusión, racismo y desigualdad entre la población. Pero, ¿acaso no llevamos en las venas la fuerza para generar la transformación de la sociedad?