Nubarrones sobre el Congreso


Quien crea que el diputado Nery Samayoa se sacó de la manga la amenaza formulada a los jefes de bloque el pasado lunes está terriblemente equivocado porque en realidad se trata de una clara y categórica advertencia formulada a las bancadas para que pongan fin a la serie de obstáculos que le vienen poniendo al Ejecutivo en su desesperado esfuerzo por lograr leyes que les permitan resolver el problema fiscal. La situación de las finanzas públicas es grave porque el mismo Gobierno no atinó a tomar las previsiones adecuadas para enfrentar una crisis que todo mundo vio venir, pero que según los funcionarios no afectarí­a a Guatemala.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

De esa cuenta se aprobó un presupuesto de vacas gordas y dos meses después ya estaban viendo la drástica reducción de ingresos fiscales, lo que ha significado un serio problema que tiene de cabeza al régimen. La prioridad del presidente Colom quedó clara cuando dijo que no pasarí­a ninguna ley antes que la de la «reforma» fiscal y la aprobación de los bonos, asignando así­ al Organismo Ejecutivo la función de marcar la agenda del Organismo Legislativo. Pero como ni esa intromisión dio resultado, el diputado Samayoa llevó las cosas al extremo porque dijo que si se mantiene el estancamiento provocado por la interpelación del ministro Gándara y se evita la discusión y aprobación de las leyes que le urgen al Presidente, éste se podrí­a ver forzado a tomar la decisión de «desintegrar» el Congreso de la República.

De hecho, si al Gobierno le importó un pepino el proceso de integración de las Cortes y de hecho negoció con quienes pretenden mantener secuestrado al sistema de justicia con tal de obtener los votos para asegurarse ingresos fiscales, no hay razón para suponer que la integridad del Congreso de la República tenga más importancia desde el punto de vista del poder Ejecutivo.

Yo no me trago la idea de que Samayoa se saltó las trancas y por propia iniciativa se tiró al agua con una amenaza de ese calibre. Si así­ fuera, mañana tendrí­a que estar no sólo fuera del Congreso sino de la UNE por irresponsable, pero me parece que jugó el papel que le asignaron para enviar un mensaje contundente que advierta al pleno que el Presidente no está para juegos con el tema de la falta de ingresos fiscales y que si ya decidió dejar que grupos oscuros decidan el futuro del otro organismo del Estado, emprenderla contra el menos popular de todos, el Congreso, no es cosa del otro mundo.

Ramiro de León Carpio hizo lo que querí­a Serrano pero lo hizo con más modo y no sólo recibió la aprobación de toda la gente, sino que también de la comunidad internacional que aplaudió la llamada «depuración». Este Congreso no está mejor visto que el que «desintegró» el gobierno de De León Carpio y no serí­a remoto que tras una campaña bien orquestada, la gente se sume a una iniciativa como la propuesta, por descabellada que parezca y por atentatoria que sea contra el orden constitucional.

El gobierno actual cometió el mismo error de Serrano de negociar los votos con las bancadas, poniendo así­ un precio en forma de subasta a la actividad parlamentaria. Pero eso no quiere decir que cometa el mismo error de dar un manotazo al orden constitucional, cuando hay otro antecedente que marca el rumbo de cómo se puede depurar un Congreso en medio de aplausos de la población.