Nosotros decimos no


Mis condolencias a la familia del colega periodista Rolando Sántiz, una ví­ctima más de la violencia en el paí­s

A mediados de 1988, bajo el peso de las dictaduras militares y la herencia de las mismas en la mayorí­a de paí­ses de América Latina, el escritor y periodista uruguayo, Eduardo Galeano, pronunció un discurso en la inauguración de las jornadas «Chile crea» sobre la negación a la violencia, la resistencia al olvido y a la maní­a de colocar precio a toda cosa y persona, como nos acostumbra, enseña y aliena este sistema económico, polí­tico y social.

Ricardo Marroquí­n
rmarroquin@lahora.com.gt

Más de 20 años después, algunos fragmentos de este discurso de Galeano, titulado «Nosotros decimos no», puede acoplarse muy bien a este grupo de personas -en el cual me incluyo-, que no comparte la idea de responder con violencia a la violencia, que no concibe a la pena de muerte como el mejor camino para prevenir el delito, que no piensa en la posibilidad de volver a gobiernos militares ni cree que el Ejército es la institución más adecuada para brindar la paz y la seguridad a la población.

Es el mismo grupo de personas que parece no existir para la mayorí­a de los medios de comunicación, y que rechaza la privatización de la seguridad pública a través de la comercialización y portación de armas. Es también, el grupo que considera necesario el fortalecimiento del Estado para garantizar el buen funcionamiento de las instituciones de seguridad y justicia con pleno respeto a los Derechos Humanos.

Acá, algo de lo que dijo Galeano en Santiago de Chile: «Nosotros decimos no al elogio de la muerte y el dinero. Decimos no a un sistema que pone precio a las cosas y a la gente, donde el que más tiene es el que más vale, y decimos no a un mundo que destina a las armas de guerra dos millones de dólares cada minuto mientras cada minuto mata treinta niños por hambre o por enfermedad curable.»

«Decimos no a la mentira. La cultura dominante, que los grandes medios de comunicación irradian en escala universal, nos invita a confundir el mundo con un supermercado o una pista de carreras, donde el prójimo puede ser una mercancí­a o un competidor, pero jamás un hermano.»

«Nosotros decimos no al miedo. No al miedo de decir, al miedo de hacer, al miedo de ser. El colonialismo visible prohí­be decir, prohí­be hacer, prohí­be ser. El colonialismo invisible, más eficaz, nos convence que no se puede decir, no se puede hacer, no se puede ser. El miedo se disfraza de realismo: para que la realidad no sea irreal, nos dicen los ideólogos de la impotencia, la moral ha de ser inmoral. Ante la indignidad, ante la miseria, ante la mentira, no tenemos más remedio que la resignación.»

Ahora, acá en Guatemala se nos invita a decir no a la violencia, y al mismo tiempo corremos el grave peligro de decir no a la construcción de una sociedad democrática. Entonces, ¿a qué debemos decir sí­?