Nos puede llevar la chingada


En circunstancias normales, las manifestaciones callejeras son componentes que forman parte de la maquinaria polí­tica partidista, dicen los teóricos en Opinión Pública. En tiempos normales, las calles son tomadas por los partidos, por los sindicatos, por los pobladores para manifestar su punto de vista, sea a favor, en contra o para protestar por alguna situación. Los poderosos, en polí­tica y en economí­a, ven la calle como un medio.

Ramiro Mac Donald
http://ramiromacdonald.blogspot.es/

Nuestras calles, las de las grandes urbes en todo el mundo, son los espacios públicos para enviar mensajes polí­ticos. Eso ha sido así­, desde siempre. Aquí­ y en todos lados, y esta práctica se ha literalmente institucionalizado, luego de pasar por una ritualización -altamente codificada- de libertad, pero también de libertinaje. Se han abusado de estas prácticas, pero se sigue utilizando, como ayer domingo 17 de mayo de 2009.

Ayer, ambos grupos utilizaron recursos dramatizantes, para manifestar su postura: en contra o a favor del presidente Colom, su esposa Sandra Torres y su secretario Alejos, acusados de estar implicados en el asesinato del abogado Rosenberg, cuyo video-testamento dio la vuelta al mundo en Youtube, en la que ha sido posiblemente la más convulsa semana de los últimos años en Guatemala.

Nuestras calles, en un esplendoroso domingo de mayo, se convirtieron en escenario de dos desfiles urbanos. Colom y sus seguidores ganaron el simbolismo de la Plaza Central, pero a todas luces el masivo movimiento fue pagado con nuestros impuestos, polí­ticamente denigrante ¡Como siempre! En tanto, los «canchitos» lograron que el cortejo de blanco, tuviera la sensación de autenticidad. Pero sus eslóganes y octavillas, estaban muy dispersas. No habí­a unanimidad… pero rescatable -eso sí­- algún talento individual, por lo «chispudo» y acertivo en contudencia e imaginación discursiva.

Ambos desfilen movilizaron poblaciones completas, se invirtieron recursos vastos: unos estatales y otros individuales. Incluso, los niños sufrieron las inclemencias de los y las apasionadas manifestantes. Afortunadamente, ambas manifestaciones no se enfrentaron, como en dí­as anteriores, que se habí­an dado algunas escaramuzas. Con plena madurez, la confrontación se evitó y todos ejercieron su derecho a la libre expresión, a la libre movilización, a la libre toma de las calles del centro citadino. Un excelente ejercicio nacional, polí­ticamente correcto. Positivo, desde todo ángulo que se analice.

Afortunadamente no hubo tumulto urbano, aunque sí­ caos en las calles aledañas a los actos programados, para la misma mañana: una mañana que tuvo sabor a conciencia y a ánimos caldeados. Hasta hace pocos años, esta interesante gimnasia polí­tica, era imposible. Primero, porque en lo tiempos de los gobiernos militares, solo manifestábamos los sectores populares y los grupos politizados de estudiantes o sindicalistas, algunos de los más radicales del paí­s. Ayer domingo, las clases medias salieron a las calles a demostrar su repudio a ílvaro, a Sandra, a su secretario Alejos y a todo su gobierno. Eso es bueno, porque se hace con toda la legalidad y libertad del caso. Eso fue negado por años y años, a todos los guatemaltecos. Es un buen ejercicio democrático, además crea identificación con los lí­deres de partidos polí­ticos, que siempre andan sacando raja, y ayer anduvieron saludando a todo mundo.

Es mejor que la gente salga a las calles; se manifieste públicamente, grite consignas y luego regrese a su casa. Eso es positivo para el paí­s. Es catártico, libera tensiones. Es necesario que exista un pueblo polí­ticamente animado, polí­ticamente comprometido, polí­ticamente activo y no un pueblo con miedo de protestar o que se encierre en las cuatro paredes de su casa, porque cualquier chispa lo hace encender, y eso, eso sí­ es peligroso.

Lo único lamentable, es que Guatemala ha entrado en una espiral de confrontación, de la que será muy difí­cil regresar. Y es así­ porque ha seguido un patrón muy firme que vení­a configurándose desde hace algunos años, con Portillo a la cabeza. Las cosas se van a poner cada dí­a más difí­ciles, en lugar de mejorar, porque esta crisis polí­tica, a la que estamos ingresando a partir de esta semana, tendrá rebotes muy lamentables, en especial en el campo económico. Y para todos?

Terrible es anunciarlo, pero la dinámica de las fuerzas que se han puesto en movimiento, trascienden lo puramente ideológico, aunque ese sea la careta que asuman frontalmente. Lástima que hay muchos sectores independientes que quedaremos en el medio? pues no tenemos nada, nadita de nada a favor de este desprestigiado gobierno, pero tampoco en contra de los que lo repudian. Porque en gran parte, tienen mucha razón: se les fue la mano? y por mucho. Pero el estado de derecho debe prevalecer, nos parezca o no, porque nos puede llevar la chingada? y eso sí­ está jodido.