Los países que sufren con alguna regularidad terremotos van adquiriendo una especie de cultura para sobrevivir a ese tipo de desastres naturales mediante una vida que de alguna manera se condiciona por la prevención. No sólo se construyen viviendas de mejor forma sino que desde la niñez se le enseña a la gente cómo reaccionar a la hora de un desastre. Temas como el famoso triángulo de la vida se convierten en una norma esencial que es observada cada vez que se siente un sismo violento, no digamos cuando se produce un terremoto como el que ayer nos afectó en Guatemala.
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Cuba ha sido ejemplo en el manejo del tipo de desastres que le toca soportar. A lo largo de los años, las autoridades han desarrollado planes para formar al pueblo en cuanto a las reacciones que deben tener cuando los golpea un huracán. Ciertamente los huracanes son previsibles por la moderna ciencia meteorológica, pero de todos modos hace falta información rápida, veraz y general para que se puedan evitar mayores desgracias.
En Guatemala tenemos una institución llamada a la prevención o reducción de desastres que tiene enormes carencias y deficiencias monumentales, tantas que a casi veinticuatro horas del terremoto de ayer todavía estaban discutiendo si eran galgos o podencos, es decir, si se hablaba de un sismo violento o de un terremoto. Lo último sonaba muy alarmante, decían los técnicos del Insivumeh, pidiendo que no se alarme a la gente, como si el reatazo que se sintió no fuera suficiente para crear alarma y preocupación.
Por años he venido diciendo que dada la popularidad que tiene en Guatemala el uso de los teléfonos celulares, que ayer por cierto colapsaron por la cantidad de comunicaciones que se produjeron en los segundos posteriores al terremoto, se tiene que diseñar un programa de mensajes de texto en los que se informe a la población rápidamente de lo que está pasando y lo que la gente tiene que hacer. Las compañías telefónicas tendrían que tener obligación legal de facilitar a Conred acceso a sus usuarios para el envío de ese tipo de mensajes de texto cuando hay circunstancias graves que lo ameriten para prevenir desgracias mayores. Según la entidad pública de prevención de desastres, no han podido hacerlo porque el costo sería altísimo y necesitarían la cooperación de las compañías telefónicas.
Estas mandan todo el tiempo a sus usuarios un montón de basura con propaganda sobre promociones pendejas y ese mecanismo tan mal utilizado podría servir en situaciones como las que se vivieron ayer en Guatemala.
Hay que reconocer que desde 1976 hemos tenido avances significativos especialmente en el tema de la construcción de grandes edificios y de algún tipo de vivienda, pero en los departamentos distintos al de Guatemala las condiciones son diferentes, no hay requisitos ni vigilancia para el cumplimiento de normas de construcción y eso expone a la gente más pobre a sufrir las consecuencias.
Si tuviéramos todos esa conciencia y cultura de lo que significa vivir en un país con tanto riesgo sísmico, seguramente que seríamos los mismos ciudadanos los que nos encargaríamos de velar por la seguridad de las viviendas y nos abstendríamos de levantarlas donde son mayores los peligros.
Pero sin duda que lo más importante es que las autoridades actúen con seriedad para dar informaciones veraces y no tamizadas, aunque sea para no causar alarma. Hay momentos en los que es imposible evitar que la gente se alarme porque los hechos son los que provocan esa sensación y quienes minimizan las condiciones con la intención de parecer serenos al final terminan haciendo más daño del que quieren evitar porque ellos y sus colegas reaccionan como si fueran realmente hechos de menor relevancia.