Nos estamos quedando sin tiendas de barrio


La delincuencia en Guatemala cada dí­a toma auge con nuevos métodos y técnicas para delinquir en perjuicio de los ciudadanos que ven con impotencia que los miembros de las instituciones de seguridad pública no pueden, no saben o se hacen los pendejos para no actuar en defensa de la vida y el patrimonio de la población.

Fernando Mollinedo

En el Centro Histórico de la ciudad de Guatemala así­ como en los barrios y colonias de toda la ciudad; los tenderos y abarroteros están siendo ví­ctimas de los extorsionadores que con el mayor descaro e impunidad se presentan cada semana, cada quince dí­as o en forma mensual a «cobrar» el impuesto o extorsión.

Las antañonas tiendas de barrio y las modernas abarroterí­as no se escapan de este flagelo que parece imparable y que nos da la sensación de que vivimos en una ciudad y en un paí­s donde ahora reina la anarquí­a y el caos porque los grupos de delincuentes comunes, los delincuentes organizados y los delincuentes del Estado (82.8 millones en el Congreso; PNC, PMT, OJ, MP y otras instituciones) y los delincuentes de la «iniciativa privada» (léase financieras y bancos) nos tienen al borde de iniciar una gran campaña para defendernos como mejor se pueda.

Los propietarios de pequeños negocios de pulperí­as o tiendas de barrio ubicadas en las áreas de la Avenida Centroamérica; Gerona, Candelaria, La Parroquia, Quinta Samayoa, Colonia Centroamérica, Colonia Roosevelt, La Reformita, La Villa de Guadalupe, Colonia Toledo, Nueva Montserrat, Justo Rufino Barrios, Colonia Venezuela, Ciudad Real, Barrio San Antonio, Jocotales, Ciudad Nueva y ya no digamos la zona 18 hasta llegar a «lleno de largos» o Llano Largo, están siendo extorsionados a cambio de no sufrir asaltos o atentados contra su vida.

El Plan denominado CUADRANTE no ha sido funcional porque cuando se llama para denunciar algún ataque, robo o asalto, los agentes o no llegan o llegan veinte minutos después de haber recibido la llamada de auxilio; existe la percepción que hay contubernio entre policí­as y delincuentes para no atacarse entre sí­ y permitirse operar, ambos bandos sin el peligro de ser atacados entre ellos mismos.

El problema real es que debido a tantas extorsiones, los tenderos están cerrando sus negocios y dejan a la población sin la oportunidad de comprar al menudeo y al fiado, lesionando con ello la deteriorada economí­a familiar de los guatemaltecos aparte de provocar de forma permanente el sentimiento de pánico, temor y desconfianza.

Sin que lo manifestado sea una apologí­a del delito, en casi todas las colonias y barrios se está pensando en armarse y aplicar la justicia por propia mano, esperando que el Gobierno después no se asuste de lo que suceda, porque se procederá contra los ladrones ya sean policí­as o ladrones.