Nos está lloviendo tupido


Fuera de que las primeras lluvias que han caí­do, han causado ya la muerte de una persona y pérdidas materiales en diferentes lugares, especialmente Palí­n, a lo que me refiero no es solamente a lo tupido de las escasas precipitaciones pluviales, que indudablemente se incrementarán más, sino a la terrible crisis económica que para la mayorí­a de guatemaltecos, incluyéndome, se está convirtiendo en una tormenta peor que el Stan y otras similares que han destrozado al paí­s.

Héctor Luna Troccoli

El problema estriba en que las dos tormentas tienen sus diferencias: una es producto de la madre naturaleza y contra ella nada podemos hacer más que prevenir y después curar, si a las bondadosas autoridades les da la gana, en cuanto a la segunda -la económica- es producto de personas insensatas, seres humanos, que hacen marchas contra la pobreza, hacen cumbres sobre la pobreza, la cacharpa vieja de la ONU manifiesta su preocupación, al igual que otras instituciones internacionales y nacionales; se emiten declaraciones a granel que en papel se quedan y que algunos podrán utilizarlas para otros menesteres, pero nadie admite que esa pobreza es provocada por la brecha entre ricos y pobres, los primeros llenándose los bolsillos y los otros, sin recibir siquiera las sobras, unido a ello, la mezquindad, el desatino de gobernantes, que como Bush, Chávez y los árabes se están paseando en el mundo en tanto los demás gobernantes pecan de omisión, de indolencia y de mentirosos, por no tomar acciones que alivien momentáneamente la crisis, con el argumento de que son «factores externos», contra los cuales sólo podemos llorar amargamente.

Recientemente veí­a y escuchaba a uno de tantos «analistas» que presentó la cadena CNN, quien indicaba que la crisis del petróleo se debí­a al aumento de la demanda particularmente por parte de la República Popular China e India y a la recesión económica de Estados Unidos sumada a la baja en el poder del dólar frente al euro y al yen.

¡Babosada! La famosa «ley» de la oferta y la demanda es una «ley» sólo para economistas, grandes naciones o empresas y otros entes similares, ya que se puede manipular fácilmente, como se hace con las verdaderas leyes, simplemente cuando grupos monopólicos u oligopólicos, nacionales o internacionales juegan con la oferta y la demanda cuando así­ conviene a sus intereses.

Los gringos, que son los mayores consumidores de los derivados de petróleo, por qué no le preguntan a Bush: ¿donde esté el petróleo de Irak, el cual fue invadido y su gente masacrada por adueñarse de esa riqueza y no por otra causa absurda y totalmente «digna» del actual presidente de los EE.UU.? ¿Por qué ha insistido, hasta hace muy poco, en seguir acumulando reservas de petróleo para posiblemente despedirse -a Dios gracias- de su segundo mandato, desencadenando la III guerra mundial?

Pero aquí­ en Guatemala vale la pena preguntarse ¿cuánto han recibido los diversos gobiernos por la extracción en nuestro «sagradí­simo suelo patrio» 45 mil barriles diarios y que después nos lo «devuelven» las transnacionales convertido en diésel, bunker, gasolina, aceites, etcétera.

Los derivados del petróleo tienen un efecto multiplicador maligno en la economí­a del paí­s y siempre recae esa desgracia en los de siempre (valga la redundancia), en los que están más pobres, más abandonados, más ligados a la verdadera pobreza, los desnutridos, los que apenas sobreviven…

Entonces yo le vuelvo a preguntar a Colom, Meyer y otros de su misma especie: ¿por qué no, de manera temporal, por seis meses o un año, se eliminan los impuestos al menos del diésel? Y que no vengan con la mentirota estúpida de que «se afectarí­a totalmente el presupuesto y no se llevarí­a a cabo el gasto social que se necesita realizar». ¡Mamolas! La reducción presupuestaria, no llegarí­a ni siquiera al 0.3 por ciento, suponiendo se aplicara a TODOS los combustibles y por otra parte, el tal «gasto social» ha sido motivo de corrupción a granel con precios sobrevalorados, obras no concluidas o mal hechas y por sobre todo, funcionarios «pupusos» en pisto para realmente, y en eso si tienen razón, gastarlo en su «generosa vida social». Eso ayudarí­a aunque después se diga que «los ingresos bajaron por esa causa», que «no se hicieron obras por esa causa», que «no se eliminó la pobreza por esa causa», etc. etc. etc. ¡Bullshit!

Revolucionarios. En mi columna del jueves pasado la finalicé diciendo que seguí­a creyendo que en Guatemala hace falta otra verdadera revolución y entre los comentarios recibidos se encuentra uno de Raúl Osegueda (¿será el doctor o un familiar?) quien dice: «cuente con su primer soldado, y con bastante experiencia» y otro de Fernando Moreno quien indica «yo también me apunto». Al paso que vamos, la revolución tendrá que darse, de una u otra manera.