Noam Chomsky (último)


«Los filtros de la comunicación masiva», basados en las ideas de Noam Chomsky y Edward Herman, que algunos llaman pilares y son sólidos puntos de vista de este genial pensador norteamericano, buscan interpretar la lógica operativa de los grandes medios de información, que hoy trabajan con sofisticados sistemas electrónicos. Esta realidad se puede abordar semióticamente para adaptarla a nuestra realidad mediática.

Ramiro Mac Donald
ramiromacdonald@yahoo.com

Una tendencia intelectual, considera que el cuarto filtro chomskiano, tiene que ver con las respuestas o «el derecho a la réplica» que los poderosos pueden hacer en contra de ciertos medios informativos, considerados pequeños que por lo regular son disidentes del «status quo». Esa capacidad de réplica, argumentan, va en concordancia con el poder que ostentan. En este sentido, las demandas que generalmente se hacen a través de los elegantes y poderosos gabinetes de abogados, son intimidantes para cualquier medio que, en todo caso, prefiere no publicar una información que le puede generar consecuencias. Esto es lo que permite un control de los medios.

En Guatemala, este sistema de amenazas contra ciertos medios poderosos no funciona, puesto que se amparan en una serie de argumentos, para no publicar los desacuerdos con las opiniones de los comentaristas o de los editorialistas, tomando en cuenta que dichas opiniones no son sujeto de aclaración, solo aquellas que son simples informaciones. Pero en el caso de pequeños medios, existe la posibilidad de retirar la publicidad comercial y/o la propaganda del gobierno, como ocurrió a finales de la década de los 90´s con el gobierno del entonces presidente ílvaro Arzú, y su estrangulación financiera a Revista Crónica y Guatemala Flash. Este fue un signo execrable de coacción gubernamental, en un accionar muy propio de este polí­tico, que pasará a la historia por su intolerancia y prepotencia.

El quinto filtro, instrumentalizado durante años por los sectores conservadores fue el anticomunismo como elemento de control, a través de los medios masivos. Cualquiera considerado molesto, simplemente era acusado, durante la Guerra Frí­a, de pertenecer al comunismo internacional, de estar cerca ideológicamente de los «rojos». Eso era suficiente para ser descalificado por los perros guardianes del sistema, así­ como considerado enemigo de la democracia, y, en casos extremos, eliminado por fuerzas de seguridad, cercanas a tiranos obcecados con ideologí­as de derecha extrema.

Ese argumento anticomunista fue utilizado para atacar actividades creativas como las de Orson Welles, Charles Chaplin, muchos cineastas y artistas en Estados Unidos de Norteamérica, así­ como destacadas personalidades en Guatemala; hoy, el centro de la atención es el «eje del mal», gente que ha abrazado el Islam o está cerca de los musulmanes, aunque no sea un extremista ni utilice la violencia. Y es que Estados Unidos siempre busca un enemigo único, antes eran los comunistas…

Por eso, Noam Chomsky es considerado uno de los pocos norteamericanos que no buscan ni pretende figurar en los medios, pero, para cada vez más intelectuales del mundo entero (ya no solo de su paí­s) es un referente de integridad: una de las voces más agudas para intentar interpretar este loco mundo contemporáneo.

Recordemos que él fue el que desenmascaró al padre de las Relaciones Públicas en Estados Unidos, Edward Bernays, como el gran manipulador de las noticias en los medios informativos de su paí­s, cuando la Guatemala de Jacobo Arbenz estaba siendo acusada, de ser un peón del comunismo internacional, campaña financiada por la United Fruit Company.