Los que no gozamos de las mieles del poder seguimos haciéndonos la misma pregunta, esta vez puesta en el titular, cada vez que comprobamos que no estábamos equivocados cuando aseguramos que Arzú, Portillo, Berger o Colom, sólo para citar algunos ejemplos, andaban por el camino inadecuado. No, no es que queramos darnos ínfulas de profundos analistas políticos, expertos sociólogos o dueños de la verdad, sino simplemente hemos recogido pruebas que demuestran que nuestros comentarios no estaban equivocados. Dijimos que el presidente Colom andaba haciendo hasta lo imposible para perder popularidad y que, con ponerse a regalar comida o dinero a manos llenas y sin control no era más que «dar pan para hoy y hambre para mañana» y ahí están los resultados, entre otros el del «Barómetro Iberoamericano» en donde obtuvo el 16º puesto entre 22 presidentes de gobiernos de América Latina, España y Portugal.
Si yo fuera de apellido Colom y de nombre ílvaro, llamaría a mis colaboradores y les preguntaría: ¿qué hemos venido haciendo mal o inadecuado para no tener la popularidad de mi tocayo Uribe, de Colombia, que ocupó el primer lugar?; ¿será cierto lo que dicen tantos criticones columnistas de la prensa guatemalteca, que no tengo claro el rumbo a seguir, que hemos fomentado la pérdida de confianza en las autoridades constituidas, que la inseguridad sigue peor, que son cada vez más ineficaces: la administración de la justicia, el Congreso, en donde tenemos mayoría, la Corte de Constitucionalidad, la Policía Nacional Civil, el Ministerio Público y hasta el Ejército, no digamos nuestra inadecuada propaganda y peor demostrada inteligencia?.
Pero si el presidente Colom quisiera ir más allá, no debiera contentarse con las respuestas de sus colaboradores. Llamaría, entre tantos más, a cuantos hayan hecho concienzudos análisis o estudios sobre el estancamiento de nuestra sociedad, en que cada vez se aumenta y no se reduce su pobreza. Le cuento señor Presidente que acabo de enterarme del contenido del informe regional sobre políticas públicas regionales para la reducción de la pobreza en Centroamérica. Ahí se confirma lo que tantas veces hemos venido diciendo, que el desempleo, la reducción en el envío de las remesas y la caída del crecimiento económico propician un panorama desolador para las familias de los niveles socio económicos medio y bajo.
Para explicarlo en palabras sencillas, la clase media sigue siendo un delgado jamón, entre dos hogazas de pan sándwich, una creciente clase pobre y extremadamente pobre y la adinerada sin que a pesar de andar buscando soluciones, no aparezcan por ninguna parte las políticas de Estado, serias, formales, de largo plazo para contrarrestar tan marcadas diferencias, tanto estructurales como estratégicas. Veo que va llegando la hora para que el presidente Colom prepare su primer informe anual de labores y ¿se habrá puesto a pensar que no lleva a estas alturas, todavía ninguna cifra que corrobore fehacientemente al menos unos cuantos buenos resultados?