En la intensidad de la campaña electoral estadounidense los candidatos quedan por momentos en posición delicada por el hecho de decir algunas verdades.
El republicano John McCain y el demócrata Barack Obama quedaron estos últimos días mal parados por personas de su entorno que hablaron demasiado.
El ex senador Phil Gramm, uno de los principales consejeros de McCain, complicó los esfuerzos de éste por parecer comprensivo de los problemas económicos de los electores al afirmar que Estados Unidos es «un país de llorones» empantanado en una «recesión mental».
Mientras, el ícono de los derechos cívicos Jesse Jackson insiste en que es un ferviente seguidor de Obama, pero la semana pasada un micrófono abierto le jugó una mala pasada al emitir un comentario susurrado por lo bajo.
«Le cortaría los huevos», dijo Jackson respecto a Obama, tras acusarlo de subestimar a los negros.
Unas semanas antes, Charlie Black, otro de los consejeros de McCain, generó una tormenta mediática al afirmar que un nuevo ataque terrorista en Estados Unidos lo ayudaría a ganar.
Mientras, Samantha Power, consejera en política exterior de Obama, fue a Gran Bretaña durante las primarias y dejó de lado una conducta de reserva.
Primero calificó a Hillary Clinton de «monstruo», algo tal vez compartido por el equipo de Obama pero no para ser dicho en público.
Luego, en una entrevista, dijo que después de que Obama fuera presidente no necesariamente iba a cumplir su promesa de retirar de inmediato a las tropas estadounidenses de Irak.
Power fue obligada a renunciar poco después.
Por otra parte, el sentido del humor de McCain a veces le genera problemas.
La semana pasada, cuando aumentaban las tensiones entre el gobierno estadounidense y su par iraní, un periodista le comentó que las exportaciones de cigarrillos a Irán subían en punta.
«A lo mejor es una forma de matarlos», contestó el candidato republicano, agregando rápidamente que lo decía «en broma».
No era la primera vez que John McCain hacía bromas con el tema Irán. Hace cerca de un año parodió una famosa canción del grupo estadounidense Beach Boys, pero remplazando la parte donde dice «Barbara Ann» por «bomb Iran» (bombardéen a Irán).