«No te suicides, nosotros te cuidamos»


«Tendrí­as que hacer más deporte», aconseja Juan, preso en la cárcel de León (norte de España), a José Marí­a, otro preso, deprimido y encerrado en sí­ mismo desde que le condenaron a 25 años de cárcel por homicidio.


Juan forma parte de una veintena de presos «ángeles de la guarda» de esta prisión del norte de España, formados por psicólogos para vigilar a sus compañeros que podrí­an intentar poner fin a sus vidas.

Forman parte de un programa lanzado en 2005 a escala nacional y que se reveló eficaz ya que, según las cifras, el número de suicidios en las prisiones españolas pasó de los 40 en 2004 a los 19 el año pasado.

En la cárcel de León, inaugurada en 1999 y que alberga a 1.800 detenidos, un centenar de ellos mujeres, en el municipio de Mansilla de las Mulas en plena Castilla, llevan «casi cuatro años sin ningún suicidio, cuando antes la media anual era de uno o dos suicidios», explica su director, José Manuel Cendón.

Pacientemente, los «ángeles de la guarda» escuchan a sus «protegidos», tratando de cambiarles las ideas y se muestran alerta ante cualquier tipo de cambio del humor.

Para José Marí­a, que pasó varios meses aislado, sin encontrar fuerzas para salir de la celda, la intervención de estos ángeles custodios fue como una «bendición del cielo».

«Cuando entré en la cárcel necesité que me pusieran un interno de apoyo porque nunca habí­a entrado en la cárcel y cometí­ un crimen irreparable y la culpabilidad que tení­a era mucha», explica tí­midamente a una periodista.

La intervención de los «ángeles» fue también una salvación para Jesús, de 40 años. Reincidente en varias ocasiones, no es la primera vez que está preso y actualmente purga una pena de 30 meses por un robo con violencia.

Acaba de pedir ayuda para superar una prueba dolorosa: «he perdido a mi compañera sentimental hace poco, el dí­a 12 (de noviembre) y el interno de apoyo me ayuda a desahogarme. No sé si llegarí­a a tener intentos de suicidio, de la otra manera, pero las ideas las tienes», confesó.

Cuatro internos de apoyo se turnan dí­a y noche para vigilarlo. Duermen en la otra cama de su estrecha celda. «A veces, sólo con que estén aquí­ conmigo me siento mejor», admitió.

Para cumplir con esa tarea, que complementa el trabajo de los psicólogos «necesitamos a personas motivadas y que tengan un alto perfil de auto-control personal, de mucha capacidad de escucha y capacidad de vincularse emocionalmente con el interno», sostiene Goyo Jular, psicólogo de la prisión.

«El interno de apoyo es fundamental porque va a estar permanentemente acompañándole durante las 24 horas», añadió.

Cada caso se evalúa semanalmente.

Los «ángeles de la guarda» también aprenden rudimentos de primeros auxilios «por las dudas», comenta Juan, de 43 años, condenado a 10 años de reclusión por tráfico de drogas.

Y se toma muy en serio su papel protector. «Tratamos de llevarles a convivir con nosotros, en la misma celda, entonces allí­ el compañero se abre más, tenemos comunicación con él, hacemos todo lo que podemos para que olviden sus problemas».

Según el psicólogo, esta tarea les da también «cierto reconocimiento y puede hacer que tengan un cumplimiento de su pena con un pronóstico mucho más favorable», obteniendo por ejemplo permisos o reducción de penas.

Satisfecho de los resultados de este sistema, la dirección de la prisión tiene previsto adaptarlo a los módulos que albergan los detenidos de mayor peligrosidad.

Varios paí­ses, entre los cuales Francia, ya se mostraron interesados en este programa.