En este Diario, a fines del mes pasado, en la sección Opinión, fueron publicados dos artículos: el primero, No soy un joven más, del columnista de La Hora, Ricardo Ernesto Marroquín, el día 28 y el otro, ¿TIEMPO DE Jí“VENES?, de la joven Lourdes ílvarez, el 30.
Ambos escritos llamaron nuestra atención, porque a raíz del vil asesinato del abogado Rodrigo Rosenberg, varios grupos de muchachas y muchachos, estimulados por los medios de comunicación, como la valiente juventud que salvará el régimen democrático, terminará con la violencia y, con su civismo, reinará la justicia en el país. Pero, lo que no han dicho los medios informativos es que tales grupos pertenecen, en su mayor parte, a familias de la clase dominante, temporalmente fraccionada, pues un sector de ella participa en el gobierno del presidente ílvaro Colom, de derecha hacia el centro, rivalizada por la otra fracción, heredera de la oligarquía de mentalidad colonizada, aliada a la emergida, a raíz de la Reforma Liberal, a fines del siglo XIX, la cual es de extrema derecha y humillantemente proimperialista. Y que, en el fondo, se propone desestabilizar la administración gubernamental, exhortando a la renuncia de su cargo de Presidente de la República, al ingeniero ílvaro Colom.
Estamos de acuerdo con la opinión del autor «No soy un joven más» (quien denominó así su artículo, porque no comparte el ideario y la práctica de ese colectivo de jóvenes «bien», activistas de la asociación en la que se han congregado, llamada de esa manera), quien escribe: «Es curioso la cobertura mediática y las opiniones que han surgido a partir de las manifestaciones (ahora de jóvenes, dicen) que exigen justicia en el caso del asesinato del abogado Rodrigo Rosenberg».
En otro párrafo, con franqueza manifiesta, que no por ser «patojo» puedo aceptar cualquier propuesta política que se presenta de manera «oportuna» en esta coyuntura política tan especial. Y menos aún cuando las propuestas que se presentan de «juventud» y «progresistas» no tienen nada, ya que únicamente buscan perpetuar el sistema económico, político y social actual, que tanta miseria, hambre, desnutrición, desigualdad y exclusión han provocado en la mayoría de la población» (Las negritas son nuestras).
La autora de ¿Tiempo de Jóvenes? Inicia su escrito así: «Dándose golpes de pecho, pidiendo mil veces perdón y nombrándose cobardes por no defender a la patria en su momento, grupos conservadores y bien identificados del país, felicitan a los jóvenes del tsumani blanco por tomar el papel protagonice que les corresponde».
Más adelante escribe juicios acertados y contundentes, léanse: «Yo, como joven guatemalteca creo en la demanda de justicia social, en el relevo generacional y en la construcción de una Guatemala diferente, pero para todos, bajo un modelo de Estado incluyente, donde existan las garantías colectivas, se respete la vida y, sobre todo, prevalezca el valor del ser humano».
«La demanda de un cambio debe ser plena. (…) es inaceptable que en pleno siglo de Black Berry, la desnutrición infantil sea una de las mayores causas de muerte en Guatemala; acusados de genocidio ostentan cargos públicos, trabajadores y trabajadoras sean explotadas a diario y muchísimos…. etc. etc., más.
«El reto de la juventud es lograr ver más allá de lo evidente, cuestionar y sobre todo informarse sobre las causas y consecuencias de las decisiones que tienen a unos arriba y a otros abajo, a unos bien y a otros mal, cuestionamientos simples pero de respuestas profundas y reveladoras».
«Queremos papel protagonista, entonces adelante, es precisamente en la historia donde encontramos los mejores ejemplos de juventudes comprometidas con la población siempre marginada, las y los que han impulsado grandes revoluciones, entrémosle, pero sin falso patriotismo, sin golpes de pecho y sin propuestas individualistas. Debemos desenmascarar lemas y falsas consignas que ven en la juventud sin camuflaje para imponer las viejas y conservadoras propuestas». (Las negritas son nuestras).
Auténticos jóvenes Lourdes ílvarez y Ricardo Ernesto Marroquín; quien ha escrito este comentario, al igual que Ricardo no sólo puede decir: «No soy un joven más», sino que cronológicamente ya no lo soy, pues pertenezco ya a la cuarta edad (91 primaveras), pero sí fui de los jóvenes de la Revolución del 20 de Octubre de 1944 y, actualmente, soy uno más de los militantes del movimiento cívico-político Frente Popular por la Soberanía, la Dignidad y la Solidaridad (SDS), del cual les informaré en mi próximo artículo a publicarse en La Hora del 15 del presente mes. Porque el Frente Popular (SDS) es el hogar político de ustedes y de los jóvenes que piensan como ustedes y sustentan los altos valores que comparten al luchar por un orden ético-político.