No sólo de aplausos vive el artista


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No hay nada más grande que el arte. Cada manifestación del mismo es un aliciente para el alma. Me regocija sobremanera contemplar un cuadro al visitar un museo o una galería. Es más, me hincha el pecho detenerme frente a mi cuadro de Ramírez Amaya. Disfruto profundamente la buena música y hay tanta, hoy por ejemplo pasé junto a mi hija escuchando a John Lennon. Amo leer y adoro los recuerdos de mis lecturas de infancia porque mi papá y mi mamá son parte de ellas.

Claudia Navas Dangel
cnavasdangel@yahoo.es

 


Por eso hoy al enterarme de la muerte de Héctor Gaytán, no pude dejar de pensar en mi papá y su voz profunda repitiendo “esqueletudo, esqueletudo…”, historias para poder luego meterme en la cama de mis padres.

Pero no es de mis recuerdos que quiero hablar, sino de la lamentable situación que enfrentan los artistas de cualquier índole en Guatemala, y esto viene al caso porque leí en Facebook que necesitaban apoyo para los gastos del entierro de este escritor.

Es indignante que quienes nos suavizan el alma no cuenten con una pensión justa, ¿aunque quién que no sea dueño de una embotelladora de cualquier bebida o político la tiene?

Ahí está Julio Fausto Aguilera en un asilo que amenaza con cerrar a cada poco. Isabel de los Ángeles Ruano es otro ejemplo del desamparo que este gremio vive.

Y es que: ¿cómo pedir justicia social para el artista en su vejez o en su partida, cuando deben realizar su trabajo contracorriente?, tecleando en oficinas, sirviendo cafés, vendiendo electrodomésticos o bailando en night clubs?

Pancho Toralla quiere llevar su arte a toda Guate, pero no tiene apoyos, no al menos los que debería tener un artista como él.

Guatemala está llena de artistas y el arte explota para no acabarlos, pero ¿cuántos los conocen?

El premio nacional de literatura, así con minúsculas, es una miseria para toda una vida dedicada a las letras y en las otras ramas no hay mucho más que aplaudir en cuanto a reconocimientos.

El Ministerio de Cultura y Deportes, sigue destinando casi todo el presupuesto al fútbol, algo que no paga el amor de sus seguidores, ni da glorias a Guatemala, ni siquiera alegrías. Ahora que hay nuevas autoridades que, sabe Dios quiénes sean, deberían reestructurar el presupuesto y tratar de crear algún fondo de apoyo para los artistas que enferman o mueren sin tener recursos al menos, pedir más es imposible. Aunque no sé si lo que escribo tampoco. Mientras, recordaré esas historias y me perderé mentalmente en un callejón del Centro tratando de evitar encontrarme con el Sombrerón.