«No puede haber desarrollo humano sin empleo digno»


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Como ya hemos anotado en nuestras entregas anteriores, en Acción de Desarrollo Nacional –ADN–, nuestros equipos de trabajo desarrollan una metodologí­a que parte de los antecedentes del problema, para analizar luego la naturaleza y/o estructura del mismo, abordando finalmente, el tratamiento que debe dársele a cada asunto en particular. Se plantean tres elementos metodológicos fundamentales para el tema que nos ocupa: a) El fenómeno del desempleo no es nuevo y su incremento está relacionado con varios factores que trascienden lo económico; b) Está í­ntimamente ligado a la debilidad de nuestra economí­a, las décadas de conflicto armado interno y los errores conceptuales en torno al mismo; c) El Estado no debe verse como una agencia de empleo, su función es generadora mas no dotadora.

Adela de Torrebiarte
Acción de Desarrollo Nacional ADN

a) La carencia de empleos o bien la poca remuneración o atractivo de los mismos, han sido una constante en la historia del paí­s; sin embargo, la demanda se ha vuelto cada vez más sentida, pues el crecimiento económico no se refleja en el aumento de plazas o de remuneraciones, por lo cual la dicotomí­a crecimiento económico-desarrollo económico, no mantiene una relación directamente proporcional.  Además, el evidente atraso del sistema educativo no permite que la población pueda optar a mejores oportunidades, casi siempre relacionadas con posiciones que exigen conocimientos y habilidades en: inglés, computación, electrónica y otros.

La revolución de 1944 logró impulsar una modernización de la economí­a que, hasta el gobierno ubiquista, se habí­a caracterizado por un atraso muy pronunciado con rasgos incluso feudales.  La creación del Banco de Guatemala, la estabilización monetaria, la obligatoriedad del pago de un salario; la promoción de la industria y el comercio y diversas normativas relacionadas con la economí­a y las finanzas, en el marco de una incipiente y débil modernización del Estado, permitieron la generación de empleos, ya sea por el crecimiento de las instituciones públicas o por el incremento y desarrollo de la empresa privada. 

Posteriormente, la polarización polí­tica y social del paí­s, fue provocando rezagos y problemas que fueron impactando en diversas áreas, tal el caso del empleo. 

b) La debilidad que acusaba la economí­a nacional y las finanzas públicas, fue la causa principal de esfuerzos como el Mercado Común Centroamericano, el cual le dio un impulso a la economí­a regional, mediante la unión de mercados, pero nuevamente, el crecimiento económico no se tradujo en desarrollo integral, y dentro de esto, no generó suficientes empleos dignos.  Al respecto, los gobernantes militares nunca entendieron que la creación de un sólido mercado interno, es la premisa fundamental para el desarrollo, y esto sólo se logra mediante la generación de empleo digno, promoviendo el emprendimiento privado y semiprivado, así­ como la generación de oportunidades diversas.  Luego, el conflicto armado surgido a inicios de los años sesenta se agudizó, y la inversión nacional fue impactada. El Estado guatemalteco orientó las finanzas públicas a la guerra y el temor del sector privado, estancó la generación y ampliación de empleos.

Por otra parte, a mediados de los años setenta fue consolidándose la concepción perversa de que el Estado era una agencia de empleos y un botí­n polí­tico para los correligionarios y financistas de las campañas electorales.  Aun así­, es justo reconocer que la situación se hubiera agravado de no salir el Estado a suplir las necesidades de empleo de la población, pero lo que debió ser una medida temporal, se convirtió en una “polí­tica de Estado no escrita”. 

Ya en la era democrática, el clientelismo como herramienta polí­tica fue fortaleciéndose hasta llegar a los niveles actuales. Los ya existentes renglones presupuestarios 022, 031 y 029 (entre otros), empiezan a crecer desmedidamente como botí­n polí­tico, pues su maniobra permite otorgar sueldos más altos sin fiscalización ni responsabilidad.  Surgen además otros renglones y  el empleo como tal, se tergiversa, pues la mayorí­a de plazas llegan a estar conformadas por los renglones sin prestaciones, como un recurso indebido.  A este fenómeno de desnaturalización del empleo, también contribuyen las cooperativas, las ONG y muchas empresas que empiezan a contratar personal bajo las condiciones de honorarios.

La relación del empleo/desempleo, se relaciona –ya vimos– con temas educativos, pero también con estabilidad económica, paz social, voluntad polí­tica y una coordinación efectiva y nacionalista entre el sector privado, el sector polí­tico, el sector social y el Estado.

c) ¿Qué hacer? El Estado debe generar/mantener los empleos necesarios que se deriven –única y exclusivamente– de su naturaleza, estructura y dinámica institucional.  Esta función –además–   es secundaria pues su papel fundamental es el de crear condiciones para que la sociedad organizada pueda generar empleos dignos y estables.  En épocas de crisis, es razonable la intervención del Estado, pero como una medida temporal extraordinaria y no como una polí­tica de Estado no escrita.

El mercado interno guatemalteco sigue siendo débil y esto lo reflejan las estadí­sticas del Seguro Social en cuanto a asociados inscritos; así­ como los datos de la población económicamente activa y el vasto sector informal.  Nuestra polí­tica de Estado para generar empleo se basa en tres pilares: 1) Descartar la idea de que el Estado es una agencia de empleo y tiene la responsabilidad primaria de generarlos, dando paso a una Ley de Servicio Civil en el marco de nuestra propuesta de Reforma y Modernización del Estado; 2) Debe reactivarse la economí­a con medidas enfocadas a la seguridad, la certeza jurí­dica, la facilitación de las acciones emprendedoras, la coordinación con el sector privado, la simplificación de trámites y gestiones para abrir empresas; la promoción de la inversión extranjera, la erradicación de toda forma de corrupción; el diálogo  con las organizaciones laborales, entre otras. 3) Una mesa institucional público-privada que establezca las acciones concretas de cómo el Estado puede favorecer la generación de empleo digno, sin perjuicio de los intereses nacionales y los derechos constitucionales de los trabajadores.