No olvide la Constitución, presidente Colom


Es preciso reconocer que la andanada de señalamientos en su contra que el ingeniero Colom considera injustos, le provoca ira y malestar al mandatario guatemalteco y así­ lo ha manifestado en las últimas apariciones públicas. Pero la ira, por mucho que se quiera disimular, es muy mala consejera y por ello las expresiones del gobernante han resultado tan desafortunadas cuando desempolva el delito de desacato, que está ya borrado de nuestra legislación por disposición de la Corte de Constitucionalidad y cuando advierte que se vienen nuevas leyes para amordazar a los crí­ticos.

Oscar Clemente Marroquí­n
ocmarroq@lahora.com.gt

No puede ocultarse que hay excesos en el ejercicio de la libertad de expresión y que se manipulan hechos de manera tendenciosa por pura agenda polí­tica, pero nuestra Constitución establece un marco para ese derecho que no puede ser restringido por ley o disposición gubernamental. Es obvio que en las actuales condiciones, cuando los diputados sintieron la retopada de la opinión pública luego del escándalo del desví­o millonario, el Presidente puede encontrar en el Congreso votos suficientes para impulsar leyes que so pretexto de la protección de la vida privada y la intimidad de las personas, pretendan establecer candados y mordazas, pero no puede olvidar el ingeniero Colom que normas de tal naturaleza, aun aprobadas por el poder legislativo y sancionadas por el Ejecutivo, serí­an inmediatamente impugnadas ante la Corte de Constitucionalidad porque el artí­culo 35 de la ley fundamental de la República es categórico y contundente.

El Presidente se queja del papel de la prensa que le compara con Portillo y que cuestiona la presencia de funcionarios del régimen eferregista en la actual estructura del poder. Puede ser que muchos de los que han sido nombrados no sean realmente allegados a Portillo por más que hubieran participado en su gobierno, pero no se puede negar que es un legí­timo tema de debate y discusión que el gobierno del ingeniero Colom tiene que encarar con seriedad y madurez.

La forma en que Portillo regresó a Guatemala y las consecuencias legales de su retorno son, por supuesto, tema que se tiene que discutir públicamente y desde afuera el olor a componenda es muy fuerte, por mucho que ello desagrade al mandatario. Por si fuera poco, su reacción iracunda contra los medios que dudan de su imparcialidad en el proceso le llevó a realizar una oficiosa e innecesaria defensa de Portillo, extremo que supongo yo no era la intención del ingeniero Colom cuando abordó el tema.

Creo que la confrontación entre el Gobierno y una parte de la prensa está ya declarada, al punto de que hay medios que no ven sino sombras en la gestión de Colom y eso causa agravio al Presidente que reacciona promoviendo leyes para amordazar a la prensa. Pero ni una cosa ni otra hacen bien al paí­s porque nos vuelven a sumir en polarizaciones absurdas que harán mucho daño a Guatemala en momentos de crisis, cuando hace falta la búsqueda de acuerdos consistentes para que las fuerzas sociales trabajen en busca de objetivos comunes.

En todo caso, advierto que el Presidente lleva las de perder por lo que dice la Constitución de la República. Lo que necesita es definir una estrategia de comunicación diferente y encontrar mecanismos que impidan que su gobierno proporcione las municiones a sus crí­ticos. Todos han intentado controlar la libre expresión y ninguno lo ha logrado, por mucho que les caiga como patada en la espinilla el papel de la prensa.