Muchas veces los políticos nos sacan de base. El otro día el Ministro de Gobernación nos dejó la impresión de no tener deseos para endurecer medidas contra las maras, el crimen organizado, narcotráfico, lavado de dinero y tantas transacciones dudosas que vemos todos los días, sin embargo, contradictoriamente con el resto de países centroamericanos se firmó el pasado 3 de septiembre la «Declaración Antigua», con el deseo de impulsar acciones conjuntas en ese mismo sentido. Hay incoherencia, porque si bien es cierto que una cosa son las «declaraciones» y otra distinta es la realidad, nadie puede discutir que lo llevado a cabo por las legislaturas de El Salvador y México contiene aparte de un fin práctico, la planificación futura de lo que habrá qué hacer para evitar la expansión de más de más de cien mil pandilleros que ya existen desde México hasta Panamá.
Me parece atinada la postura de madurar y discutir bien las propuestas electoreras de algunos diputados en su afán de «endurecer» algunas leyes, porque como hemos dicho siempre, la solución de nuestros problemas no radica tanto en disposiciones jurídicas, cuanto en llevar a la práctica un eficaz método para combatir a la delincuencia, especialmente cuando vemos los efectos que sigue causando al desenvolvimiento y desarrollo de Guatemala, tornándolo en el país más caro del mundo para hacer negocios. Tristemente, y lo digo por los resultados, tampoco se ha logrado hacer más eficiente la labor policíaca, como con un Ministerio Público que cumpla a cabalidad sus funciones, terminándose de complicar todavía más el panorama con el trabajo descoordinado o desarmonizado entre las actividades legislativas, judiciales, combativas y preventivas del delito. Algo muy importante de tener en cuenta es que no es tan importante el monto del presupuesto asignado al Ministerio de Gobernación cuanto la efectividad de su gasto e inversiones, es decir que resulta más atinado preguntarse: ¿cómo voy a emplearlo? a ¿cuánto dinero tengo? Ejemplo de lo anterior lo encontramos cuando sabemos que hay agentes de la Policía Nacional Civil quejándose por no tener suficiente gasolina para patrullar con las unidades o que a éstas les faltan lubricantes, andan con llantas lisas y peor todavía, cuando siguen habiendo muchísimas aparcadas en talleres de reparación, porque una pésima administración ministerial no permite sacarlas a la calle. Todo esto no es otra cosa que seguir andando como el cangrejo ante el ataque frontal que la delincuencia le sigue dando a la gente honrada y trabajadora, que clama desesperadamente porque se le libre un eficaz combate. Seguir con la práctica de anunciar que denuncias como las citadas «van a ser investigadas» o solicitar un «informe pormenorizado del asunto», no es más que pura perdedera de tiempo, una burocracia inútil y engorrosa, como una demostración más que la administración pública de nuestro país sigue de cabeza. ¿Hasta cuándo?