Pese a que la Municipalidad capitalina pregona que «Tú eres la ciudad», no hubo limpieza de tragantes esta vez, previo al inicio de las lluvias. Al menos en el área limítrofe de las zonas 1 y 6. Existen reclamos del vecindario por ese descuido que endosa más complicaciones ante el régimen de precipitación pluvial actual.
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Por más que uno da vueltas a la cabeza no encuentra justificación a esa deficiencia de lamentables consecuencias, repito. ¿O acaso será que lo harán las cuadrillas de trabajadores a destiempo? Grave error, puesto que tal cosa significa duplicación de esfuerzos en momentos del todo inapropiados, ni vuelta de hoja.
En el teje y maneje del orden administrativo se omitió algo urgente y de primera necesidad. Hubo en ese sentido un compás de espera que dará lugar a circunstancias que sobrevienen tras los copiosos aguaceros hoy en día en marcha de vencedores. Hasta el momento las mismas lluvias tienen un ritmo disparejo por lo visto.
Insisto, con la debida anticipación año con año en las diversas zonas citadinas se efectúan dichos trabajos cajoneros, que responden al criterio de ser muy importante la prevención. Después surgen las consabidas inundaciones, deslaves y derrumbes, de tantas implicaciones en el pulso cotidiano de nuestra metrópoli.
Experiencias anteriores, como el caso del enorme hoyo del Barrio San Antonio de la zona 6, aun sin terminar el relleno, deberían constituir un ¡SOS! oportuno. Habida cuenta que el desarrollo y desmedido crecimiento capitalino, conlleva el hecho de no bajar la guardia por nada del mundo, respecto al indispensable mantenimiento.
Todo indica que la época anual de lluvias tiene el membrete de copiosas, razón de peso para mantenerse vigilantes y con la debida atención que amerita. Siempre ocurren sucesos trágicos, máxime en asentamientos que proliferan aquí y allá, en áreas del cinturón conformado por barrancos periféricos.
En los aludidos sitios infrahumanos las construcciones son de materiales deleznables, arrasados por las tremendas corrientes de las lluvias fácilmente. Cuando está de por medio la vida de compatriotas, hay sentimientos de conmiseración, empero la Municipalidad omitió tan necesarias labores.
Respecto al asunto abordado en los presentes renglones, hay que aludir a la irresponsabilidad de gente tildada además de antisocial. Al interior de los tragantes del sistema de alcantarillado citadino al arrojar toda clase de desechos los convierten en basureros, en detrimento de la salud.
La pésima costumbre data de lejos, generación tras generación se dan a esa ingrata tarea, día a día, sin importarles un comino que después con los aguaceros se obstruyan por completo, en menoscabo del ornato y la salud -se recalca- esa basura en los tragantes representa un incremento a la contaminación ambiental.
Campañas de prevención lleva a cabo la Muni, a fin de concientizar al vecindario para que concluya esa costumbre dañina, sin embargo no basta. Sus mejores esfuerzos serán una constante supervisión de esos tragantes, muchos con una tapadera mal colocada vienen a ser trampas mortales.
También los causantes lo toman como aventura ¡que ganga!
Es sin duda desconsoladora y lamentable la situación aludida. Personas ajenas a la consideración y al deber de contribuir con la limpieza del entorno continúen haciendo lo mismo. En perjuicio de la colectividad que ellas también conforman, deben cambiar de actitud y ser positivas.